Cuento de terror o drama.

El tipo cerró la puerta, el dedo quedó entre la madera hinchada de la misma y la otra madera no tan hinchada del marco. Bajó las escaleras y sin inmutarse subió al primer taxi que pasaba por ahí, el dedo quedo entre la goma vieja del auto y la chapa recién pintada de la puerta trasera “¡Siga a ese perro!” le gritó al taxista. No fueron a más de 10 km/h y pararon cada vez que el perro se metía en alguna casa o simplemente levantaba la pata en algún árbol para orinar… era macho. El taxista se sobresaltó cuando la orden cambió por “dé la vuelta a la manzana… ¡pero ya!” El cansancio se confundía con la sangre perdida tras quedarse sin dos dedos en apenas cinco minutos (téngase en cuenta que el escritor podría haber abreviado cinco minutos y poner 5’) entonces, apoyando la mano en el hombro del chofer dijo, “basta compañero, hasta aquí llego” pagó y bajó aprisionando su abrigo de tela polar con la misma puerta que lo despojó de su segundo dedo. El paisaje era un tanto particular ese día, todo pasaba rápido, casi no podía contemplar ni siquiera los árboles de las veredas que ya cruzaba una esquina, apenas podía reconocer el barrio, el barrio vecino y las calles que estaban acercándose al centro de la ciudad, esto fue así hasta que alguien necesito el taxi y abrió la puerta que le tenía aprisionado el abrigo de tela polar, dejándolo caer al piso mojado por la lluvia.

Levantándose lentamente divisó el bar, ese bar, aquel bar donde nunca había tomado nada ni comido y ni siquiera había pasado por el frente, pero ahí estaba, como siempre, entonces cruzó la vereda y tampoco entró a tomar nada, como siempre.

La noche se avecinaba y los dedos ya estaban dejando de sangrar, la circunferencia de coágulos había generado una especie de tapón que frenó un poco la hemorragia. “¡Un hospital!” pensó y entró, siempre había querido conocer un hospital por dentro, esta era su oportunidad.

  • hola ¿usted viene a hacerse curar los dedos? – preguntó el portero

  • No, vengo a conocer, estoy un poco débil ¿cuánto sale el tour con silla de ruedas?

  • $5 y le entrego el trapo de pisos para que no manche el piso que tanto trabajo me costó limpiar, es más, se lo coloco yo a modo decorativo.

  • ¡fabuloso! Usted es la mujer que he buscado toda mi vida.

  • Soy hombre.

  • Bueno, aquí tiene sus $5

El tour no estaba yendo muy bien, luego de cruzar el pasillo de neonatología sus dedos empezaron a doler demasiado, eso conllevó a que sólo utilice una sola mano lo que provocó que diera una y otra vez vueltas en círculos hasta dar con la escalera, la escalera por la cual empezó a rodar entrelazándose con la silla de ruedas e incrustándose cada caño de la susodicha citada anteriormente (téngase en cuenta las palabras utilizadas por el escritor).

Ya abajo pudo reincorporarse. Con sangre en la boca, sangre en las manos, sangre en la ropa y sangre en el piso y en todos y cada uno de los escalones de la escalera se acercó a recepción.

  • Si, ¿en qué puedo ayudarle?- preguntó la señorita de recepción.

  • Hola, creo que se me rompió la silla, ¿me la podrían cambiar?

  • Si, como no, usted está en la sala… a ver, usted es el señor ¿Savala?

  • Si, exactamente.

  • Pero… aquí dice que usted murió ayer.

  • Bueno, parece que hay un error, acá estoy ¿me cambia la silla de ruedas?

  • Espere, sangre, silla de ruedas, quebraduras expuestas… ¿¡usted no será un zombi no!?

  • ¡Pero por favor! Sa-va-la, ya le dije.

  • Bueno, espere mientras me limo las uñas señor Sa-va-la.

Harto de esperar por horas se fue del hospital, el mareo era ya casi inaguantable, así que pasó nuevamente frente al bar, aquel bar, y decidió tomar una cerveza, cruzó al kiosco que se encontraba frente a aquel bar y pidió una lata de la cerveza más fría que tuvieran, miró el bar, aquel bar y siguió caminando hacia quien sabe donde.

El tiempo pasó, el mundo siguió girando, él murió, murió desangrado antes de terminar su cerveza, el viento se volvía frío y los días grises, a su velorio fue la señorita Lee, de “seis para triunfar” y un par de famosos más que creían que era el velorio de Tincho Zabala.


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