impulsos

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Siempre pateaba latas mientras se me iba acortando la distancia entre mis ojos llenos de amor y la casa de Paulina. A veces, me concentraba tanto en la lata (que a veces era una naranja, una piedra, etc) que me pasaba de su casa, en el camino se comían cada gambeta Romario, Bebeto, el agrandado de Pelé, etc. el gol se hacía en el desagüe de la casa de Paulina, cuando le pegaba mas de tres o cuatro veces y no entraba, la empujaba, ganaba la ansiedad por verla asomarse por la ventana y hacerme seña de “ya salgo” y yo me ponía tan nervioso.

Un día llegué y me atendió un pibe, me dijo hola ¿Qué necesitás? y yo miraba la ventana esteeee… y en la ventana la cortina estaba quieta ¿estará Paulina? Las telas esas ni amagaban con moverse y detapar esos rulos que ella siempre se tapaba con el gorro de lana si, pero está estudiando su voz me hizo pensar en que no tendría que haber empujado la lata, tendría que haber seguido de largo ¿Tendría que haber seguido de largo? Podría haber sido un primo ¿la podrías llamar? Y lanzó un odioso suspiro que en mi provocó una especie de ardor en la paciencia “¡Pau! Te busca un pibe acá” un pibe ¿y vos cuantos años tenés pelotudo? Desde lejos se escuchó la música que tocaban las cuerdas vocales que se encontraban muy al fondo de esa cueva tropical bajo la repingada nariz de tobogán de Paulina “Decile que no puedo, que estoy estudiando” me miró y levantó las cejas, dos pasos hacia atrás y se cerró la puerta. Yo tenía 16 años.

Pulina tiene un nene de unos 7 años y una nena de 5, yo tengo un kiosco en barrio San Vicente, lo atiende mi mejor amigo, él me cuenta que las nenas de Paulina van siempre a comprar caramelos sugus, que el marido a veces las acompaña y a mi se me llenan las manos de agua. Una vez me llegué al barrio, el papá de Paulina me miró y me dijo “¡Pibe! ¿Seguís pateando huevadas por la calle? Me acuerdo el quilombo que tuvimos que hacer para destapar el desagüe ¡Levantaron toda la vereda! Jajaja” si, ja…jaja no don, ya no pateo huevadas en el piso y me acerqué al kiosco, Rubén me contaba que “el negocio está flojo fiera, pero en verano repunta” yo sonreía y miraba la ventana de la casa de Paulina, ella y su familia hicieron la casa arriba de la de los padres, pero yo miraba la ventana de abajo, las mismas cortinas, las mismas cortinas de mierda y pasaba a saludar a mi vieja, pobre, le dije a Rubén que le pase la mitad de lo que ganara el kiosco, que un cuarto se quedara él y lo otro me lo pase a mi, claro, el negocio decaía en invierno, pero seguía teniendo buenos ingresos y las cortinas seguían estando quietas, si me preguntan hoy de qué color son es el piso de arriba, como es la escalera, ni idea, nunca miré para arriba.

Cinco novias tuve después de Paulina y todas fueron mejor que ella, claro, ella nunca fue mi novia, pero con el tiempo descubrí que era muy pedante, que me usaba para aprobar matemáticas, que apenas apareció aquél tipo nunca más me llamó, así como nunca más hice un gol en su casa. Ahora salgo con chicas que no quieran compromisos y apenas lo sugieren me desaparezco, por eso al kiosco lo atiende Rubén, ahí me hacían las escenas.

Ayer me encontré una foto donde salimos con Paulina estudiando en la mesa que teníamos en el living hasta que compré una nueva y a la vieja la use para el fuego de un lechón que comimos en casa. A la foto la sacó mi vieja que todavía me dice “si te hubieras puesto de novio con la Pulina tendrían hijos tan lindos, yo sería abuela ¿viste que lindos que son?” y yo le contestaba que no los conozco mamá y me iba al baño.

Hoy a la mañana Rubén me dijo que la vió entrar a su casa, yo saqué un pucho del kiosco y le hice dos pitadas, estoy dejando de fumar, cuando lo tiro lo sigo con la vista, siempre, te tiré casi entero hijo de puta pienso, y esta vez, en la parte de la frase que decía “puta” veo al lado del pucho dos zapatillas celestes con detalles blancos y levanté la vista como para pedir disculpas, nada de eso, tosí, me ahogué y una mano liviana y precisa me palmaba la espalda y una risita angelical me acompañaba en sentimiento. Con los ojos llorosos de tanto toser me incorporé y saludé a Paulina, me di vuelta y caminé hacia mi casa, me siguió unos metros y yo me hice el sordo.

  • pero, sabés que eso no pasó ¿cierto?

  • ¡dejáme de joder! ¡Dejáme de joder! Te estoy imaginando, siempre hacés lo mismo, cuando te cuento que aparece Paulina y logro ignorarla te aparecés y este lugar, termino en este lugar, quiero dejar de imaginarte.

  • No, tranquilizate, esto es real, acá estamos, acá estás, mirá, tengo fotos de ayer, este sos vos, esta es una foto de hoy a la mañana, nunca fuiste al barrio, hace 17 años que estás acá, no fué tu culpa lo que pasó, es tu cabeza, tenés este problema que no podés manejar.

  • Te voy a mat… ¡Suelten!

  • No hay problema doctor Rubén, lo tenemos controlado.

  • ¿Rubén? Vos no sos Rubén, Rubén está en el kiosco, lo vi hoy ¡¿Qué me inyectan?!

  • Tranquilo, ya pasa, no te preocupés, es un rato nomás. Vos querías mucho a Paulina, si no hubieras tenido este problema no hubieras hecho nada de lo que hiciste, dejá de culparte.

  • ¡Yo no hice nada! Ella me… dejó… ¡ese hijo de puta! ¡Se llamaba igual que vos! y… Paulina, estaba tan hermosa… en la mesa… llena de sangre… ¿De quién era esa sangre? También la tenía yo en las manos, y en la puerta… estaba tirado Rubén ¿Porqué se su nombre? Si le pegué antes que me lo dijera… ¿Porqué? Por… que.

  • ¡Hermoso! ¡Magistral! Sos un genio, sos mi ídolo, ¡que buena escena!

  • Bueno, pagame los viáticos, y dame algo de morfar que me hace ruido la panza.

  • Listo chicos, vamos a comer, yo creo que esto queda así, mañana hacemos en estudio la escena de la retrospección y listo, a las post, acordate negro de comprar las lamparitas que te pedí.

  • Che, este esta chocho a mi me parece una mierda esto.

  • Pero paga bien.

  • Tenés razón, dame un faso.

  • Dejate de joder, comprá alguna vez vos.

  • Estoy dejando.

  • Andá a cagar.


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Una respuesta

  1. – Llegué, llegué, pero me costó.
    – Pero bien valió la pena.
    – Cierto, ¿verdad que vos siempre mirás la puerta de la casa de Romina, cuando pasás por el frente, en el colectivo?
    – Y eso que sabés que ya se mudó, y que no la vas a ver por ahí.
    – Bueno, recurrencias, estancamientos sentimentalmentales.
    – Che, este blog está bárbaro.
    – No te olvides de dejar saludos.
    – Y felicitaciones, el blog está bueno bueno.
    – Ahí, viene…
    – Ejem.
    – Hola Nardo, mucho gusto, llegué, pero me costó.

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