Mitre Sunday 1432.7

graphic1.jpgEl tipo no la buscó, no intentó cruzarla. El tipo, incluso, ya se estaba yendo, consiguió un pasaje y se estaba por mandar a mudar “¡Qué mierda tengo que andar renegando!” y se sentó en un banco de madera similar a los de las plazas, sacó un librito que estaba leyendo y se puso a esperar.

Olga se levantó tarde, al parecer compró uno de esos relojes-despertadores-calculadora que vienen cerrados y uno aprieta una perilla y se arman solos, como si estuvieran vivos, muy bonitos, muy novedosos, pero se rompen al poco tiempo que uno los compra y, si siguen funcionando, lo hacen mal, como si tuvieran vida. Olga se paró al lado de la vía del tren, se rasco entre las piernas no sin antes fijarse si alguien la veía, y se prendió un pucho a medio fumar que estaba juntando olor en la cartera.

Jesús Johnatan Olavarría trabajaba de boletero, se aburría como una ostra, era poco sociable, así que se aburría más que una ostra, como una ostra poco sociable. Desde la ventanita donde la gente, muy de vez en cuando, le pedía boletos y le pagaba y él le daba el vuelto, se entretenía mirando a las pocas personas que pasaban por ahí y que ni se enteraban que la ostra estaba allí adentro, así veía, por ejemplo, a una mujer que se rascaba ahí abajo creyendo que nadie la veía.

Hablaba por el celular el viejo Romero, su nieto le compró uno para el día del padre “¿y esto que es?” preguntó desde la punta de la mesa aquel domingo y todos rieron con cara de ternura, siguieron comiendo y hablando de lo mal que estaba el país, masticaban cerdo y hablaban de que el que no trabaja es porque no quiere, y Romero no los escuchaba, pensaba, y pensaba, y ese día hablaba por primera vez por celular, doña Nilda, su esposa desde hacía 35 años, lo llamó desde el celular de su hija, la cual estaba al lado sonriendo con cara de ternura. Romero cortó y vió el ferrocarril Mitre y se mandó, se puso a caminar y a recordar cuando ese lugar era un hormiguero de gente, se le escapó un gas y, a su edad, le era complicado retener mucho tiempo, le pidió al muchacho de la boletería que lo deje pasar al baño “son públicos don, vaya por allá, eso si, no hay papel” le dijo el boletero y Roemro se metió al baño pensando que se tendria que limpiar con el pañuelo que le regaló su nieta mas pequeña para el día del padre.

Susana le mostró una teta al tipo que estaba leyendo en el banco, este la miró y siguió leyendo, Susana siguió caminando hablando sola, siempre hacía lo mismo.

Rogelio vió una luz extraña en el cielo, se metió al video club, alquilo una película condicionada y pasó por el almacén, salió con un paquete de pan lactal, un poco de jamón, otro poco de queso y mayonesa, en su casa ya tenía gaseosa, miró nuevamente al cielo y la luz parecía haber crecido, se lo comentó a su vecino, el viejo trabajaba en el observatorio, llamó, le dijeron “Viejo no jodás, estamos jugando a la canasta” y el viejo se fue a dormir, pero Rogelio no, todavía tenía que ver la película y comerse los sandwiches. Al otro día se fué a fumar marihuana en el ferrocarril.

Salió el sol, antes de eso, estaba nublado, obvio, el calor vino bien aquel 17 de julio, se templó el suelo y hasta parecía una pequeña primavera que se confundía de parada. De repente todo se nubló nuevamente, pero más oscuro, el tipo ni se enteró porque estaba leyendo, don Romero tampoco porque estaba pensando que quizás tendría que usar una media en vez del pañuelo que le regalo su nieta para el día del padre, Jesús Johnatan Olavarría se puso a contar la platay siempre se concentraba mucho en eso porque el jefe le descontaba lo que faltaba, así que tampoco se enteró, Olga estaba pensando en que “tendría que dejar de fumar, tengo la garganta hecha mierda y siempre tengo olor feo en las manos y la ropa” y en ese momento, ocurrió algo que hasta el día de hoy se comenta cada vez que alguien pasa por el Shopping Center Mitre, Cuando el tipo estaba leyendo la página 45 de su librito, el inolvidable y trágico meteorito Mitre Sunday 1432.7 cayó. Solo encontraron restos de las personas que fallecieron aquel domingo de julio, las personas que tuvieron que reconocer los cadaveres tenían en una camilla de la morgue, una mano con un pañuelo en la mano, un pedazo de madera de banco con pedazos de carne y un papelito al lado que decía el nombre de la persona dueña de aquella carne, un craneo desfigurado con dos monedas de 25 centavos y una de 10, una cartera con documentos en los que apenas se distinguía el nombre de Olga Pamela Cristina Sanchez de Moreno y lo único que muchos linyeras reclamaron como su amor y otros abogados y políticos como su pareja, una teta.

Hoy estamos en el 2037 y hay un museo dentro del Shopping Center donde hay una roca gigantezca que, aparentemente, alguna vez fue un planeta que se fue desarmando hasta ser un meteoro y perder la orbita, y una teta, viene gente de todo el mundo a sacarse fotos al lado de la teta.

Nardo Escanilla

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