Eran los de antes

Me rompe las pelotas el progreso, no el progreso en sí, si no esto que llaman adelantos y facilidades para la vida cotidiana. Nosotros éramos buenos buenos, teníamos que laburar y laburar y nada de andar con francos, feriados ni nada de eso, aparte que había más laburo que ahora.

Yo me acuerdo que éramos muchos, un ejercito, nos acomodabamos en fila, yo podía ver al primero, al segundo, pero de ahí ya no los veía a los demás, sólo los días de viento y cuando estábamos un poco relajados, se veía que se iban asomando los de más lejos, como bailando ¡Y pucha que había compañeros!

Nosotros vivíamos colgados, en esa época era normal, eso si, llegaba la patrona y arriba todos, yo me enorgullecía de verlos a todos con las mismas ganas que yo, patas para arriba y con el laburo entre los dientes, hasta había algunos que les habían quebrado alguna pierna, al Poncho me acuerdo que se le quebraron las dos, y el tipo ahí, si de todas formas, no le hacían falta, mientras la patrona lo necesitara el estaba ahí, todos estábamos ahí.

Perdimos a muchos, pero muchos iban llegando, de la misma madera, de la misma generación, así que éramos puro huevo hermano, puro huevo.

De a poco nos fueron reemplazando, el progreso, el puto progreso, muy lindos los pibes nuevos, muy coloridos y más livianos, eso hay que aceptarlo, pero la patrona parece no estar muy felíz, de nosotros sólo quedamos cuatro, acá amontonados al final de la línea, y a estos pendejos nuevos los alcanzo a ver, porque cada vez que llega una nueva camada son distintos, nosotros éramos todos iguales y no había problemas de quién agarraba qué cosa, todos servíamos igual y cuando teníamos que laburar en equipo éramos uno solo.

¡Colgaban acolchados mojados papá! Y ahí estábamos, con tres de nosotros el acolchado quedaba ahí, contra viento y marea, ahora veo que la doña tiene que poner hasta seis de los nuevos, y se van cayendo, y van cambiando y no vuelven de los nuestros y el Poncho está hinchado por el agua, se le oxidó la parte de metal que tenemos todos y muy de vez en cuando, a mi y a los otros dos nos usan para alguna media, para algún calzoncillo, al Poncho no, al Poncho creo que lo van a tirar en la próxima camada de pibes nuevos, a todos nos van a tirar.

Vimos pasar tres generaciones de Ovejero Alemán, una familia de gorriones, un árbol de nísperos que se secó y vimos crecer a la hija de la patrona que ahora parece que se casó y se fue de la casa, ella hasta jugaba con nosotros, el difunto esposo de la patrona tambien nos usaba para agarrarse los pantalones para andar en bicicleta.

Son muy modernos los pibes, muy coloridos y muy variados, creo que esta es la ultima media que tendré entre los dientes, la hija de la patrona llegó del super, parece que compraron broches nuevos, dicen que reforzados, que son “como los de antes” pero de plastico, que no se hinchan con el agua y que van a durar más, el Poncho me mira, le pusimos Poncho porque una vez colgaron un poncho de lana muy mojado y el solito lo tuvo dos días, ahí la patrona lo apretó tanto que le corto las dos patas, creo que los otros dos no saben lo que se viene porque estan muy al fondo de la soga, el Poncho ni siquiera mira para otro lado, creo que es nuestra última tanda de ropa.

Me rompe las pelotas el progreso.

Si tuviera brazos, lo abrazaría al Poncho.

 

 

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2 comentarios

  1. Excelente, genial.

    Qué ternura el Poncho, che, un héroe.

  2. Hermosooo. Me encantó!!

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