Zapato

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Yo quería ser titiritero de chico. Me daba como una especie de timidez la eterna rutina del personaje preguntando “¿Alguien vio a la Vaca Ledesma?” y todos gritaban “¡Ahí! ¡Atrás tuyo!” yo no podía hablar, respirar, veía borroso de tanto reírme.

Quería ser un titiritero que a su muñeco lo bautice “el Narigón Pichincha”.

Era pibe e inteligente, hasta el pibe más limitado desborda lucidez, o sea, yo era uno más.

No era sueño, no era meta, no era objetivo, solo me intrigaba saber si el Narigón Pichincha se iba a dar cuenta de que la Vaca Ledesma estaba atrás de él.

Un día no vi más títeres, eso era para chicos, los años se llevan inocencia con ellos. Una vez hubo títeres en el cumpleaños de algún nene sobrino de alguna chica que me gustaba, yo era casual en la fiesta y tenía que conservar la postura de adolescente, lejos del tierno pero inmaduro público, sin querer se me desvió la mirada y los encontré, y sonreí, y me reí, me apretó el pecho, los feos y diminutos protagonistas me dieron un cachetazo de realidad.

No se, no recuerdo a los titiriteros, recuerdo a las brujas, los magos, los duendes, los cabeza de caballo, a la Vaca Ledesma, hasta sospecho que nunca nos planteamos que había gente atrás de eso, no lo afirmo para no convertirme un romántico injustificado de algo tan simple y volátil como un títere.


¿Vivirá la Vaca Ledesma?

¿Me vio reírme desesperadamente?

Nunca volví a ver títeres, no se si quiero, tengo miedo.

Creo que yo no quería ser titiritero, quería ser títere.

Nunca seré tan noble como un títere.

Nunca seré tan libre como lo hubiera sido el Narigón Pichincha.

 

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7 comentarios

  1. Yo siempre estuve atrás del retablo, veía a los titiriteros manipulando los muñecos y me sentía con cierta ventaja por mi lugar privilegiado. Aunque veas a los titiriteros, te aseguro que la magia no desaparece.
    Yo pensé que tenía que ser titiritera, que no era opcional. Pero no lo soy. Me basta con tener siempre cerca algún títere que crea que lo manejo, cuando en realidad me maneja él ami.

  2. si, tenes razon, pero bueno, tantas manos, tanto tipo, dejame verlos sin gentee, o QUERER verlos.
    despues el titiritero me cuenta y en el relato saltaa si separa la mediaa dee la mano, que es lo que le veeo a estos tres, mee caeen de puta madre.

  3. Uno de los libros que me hizo quien soy fue un libro que se llamaba el jardín del arlequín, era un libro el el que los títeres cobraban vida por las noches. No era el libro más original, pero a un niño no le importa.

  4. Yo también fui de esos adolescentes a los que se les seguía escapando una sonrisa cuando veía un títere dejando en ridículo a otro.
    Qué imbécil me sentía por intentar ocultar esa admiración. Qué bueno descubrir que no era el único.
    Un abrazo.

  5. Interesante metáfora. me quedo con la duda:mejor títere o titiritero?

    Un abrazo, perdón por la ausencia.

  6. Yo no fui, ni vi; yo soy y veo y disfruto (..y cómo disfruto!!)

  7. hace mucho que no veo titeres ¿es verdad que ahora los titiriteros se muestran?

    Que nostálgica alegría es recordar cuando gritabamos todos “¡Ahí! ¡Atrás tuyo!”

    Nardo sos un culiado, tan bien que venía mi día, y ahora me queda este sordo grito en el pecho.

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