Segunda Temporada – Capitulo 3: El Fin del Camino (relata Krillich)

 

Me encontré con el infeliz que estaba en la cañada, repartía folletos y lo acompañaban dos tipos que estaban sentados al borde de la característica cicatriz de nuestra ciudad, tomaban alguna de esas orinas de citrus que están tan de moda entre los nerds, las forras, los gays, etc. me ofrece un folleto, era sobre algún torneo de estrategia con miniaturas.

         ¿Tenés un par más de esos? Tengo que ir al baño y no tengo papel – le pregunté y uno de los bombolones se paró.

         Un momento – dijo el travestido – creo que es él ¿Usted es Krillich?

         Lamentablemente sí – contesté y terminé el whisky que me quedaba en la petaca.

         Póngase esto – su mano me alcanzaba una especie de tanga roja.

         ¿Querés que te empuje a la cañada pendejo fantasioso? ¿Porqué no dejás de jugar a esas boludeces y te vas a ver si encontrás alguna piba que te de bola porque parece que ya tenés pelos en las manos? – grité.

         Señor, si no se poné esto, no podrá entrar al exclusivo club donde le darán detalles del lugar que tendrá que visitar, no estamos tan lejos de conseguir las dos mitades del choripan de plata – no dejaba de hacer gestos exagerados ni de repartir esos folletos, la gente se cruzaba la calle.

         Dame idiota ¿Qué hago con esto? – era una tanga, no era como una tanga ¡Era una tanga roja!

         Se la pone arriba del pantalón, como Superman, así lo dejan entrar derecho porque esa malla tiene un símbolo que se ve con un aparato que le van a pasar por su trasero apenas se pare en la puerta – le pegué una cachetada, una patada en los huevos, lo levanté del piso y lo tomé por el cuello.

         ¿Todos los nerds de Córdoba me van a agarrar para la cagada hoy a mí? – le pregunté sin soltarlo.

         ¡No! ¡Deje de golpearme! ¡¿Usted cree que soy feliz teniendo que recibirlo a usted?! Me maltrata, nos insulta, y encima lo quiero ayudar – sus ojos se llenaron de lágrimas y los mocos que le chorreaban llegaron hasta su cuello embardunándome la mano.

         ¿Dónde es el lugar donde tengo que ir?

         Es un local de video juegos, en la galería Santo domingo, allí nos juntamos a hacer nuestras cosas.

         Chau infeliz – la tanga me incomodaba hasta más no poder.Crucé y compré una tira de caramelos fish y otra petaca de whisky, mi fiel compañero.Se nubló de repente, los colores se opacaron y el calor en mis testículos engordaba, pensaba en lo limitado de mi cerebro ¿Porqué no me puse la tanga cuando llegué a la galería Santo Domingo? No, soy tan pelotudo que me iba paseando por todo el centro con eso arriba de mis pantalones, por suerte el sobretodo me lo tapaba bastante bien.Compré otra petaca de whisky, llegué a la galería y me paré en la puerta, un tipo de unos 36 años y unos 137,5 kilos me atendió, me pasó un pequeño aparato por el culo y me abrió una puerta que me sacaba del recinto donde varios pendejos jugaban a los jueguitos y otros miraban pornografía con los ojos desorbitados.La luz era tenue, tomé otro trago de whisky, otro más, me terminé la petaca. Y escuché una voz gruesa, profunda, con un eco de ultratumba: “señor Krillich, su destino está marcado, hoy comienza una nueva vida para usted, las fichas están puestas en el tablero y usted es una de ellas, cuando el sol caiga tendrá que estar ya posicionado en los lugares indicados, dicho esto…” se ve que me apoyé en la llave de la luz y esta se encendió, un hombrecito con lentes que parecían la base de un sifón de soda se situaba frente a mi, en su mano tenía un micrófono que se conectaba a un mini componente, su cara se transformó y en sus pantalones de vestir se dibujó un camino húmedo que llegaba hasta sus zapatos, ahora con voz extremadamente aguda me dijo “esteeeeee… me tendrá que esperar que voy al baño a cambiarme” yo trataba de aguantar la carcajada y el personaje desapareció por una pequeña puerta que, suponía, era el baño.Desde adentro escuché un grito y luego la taladrante voz del enanito “señor krillich ¡Corra!” un fuerte golpe se escuchó y cuando me acerco al baño veo por el espejo que alguien apuntaba y disparaba, me di vuelta rápidamente y me tropecé con el mini componente, en cuatro patas y con la pera sangrando salí de allí, los pibes me miraban, los que estaban viendo pornografía ni se enteraron, cuando voy llegando a la puerta entran tres tipos enormes, uno le dispara al freaky obeso que atendía, los otros dos me apuntaron “es tarde Krillich, hasta acá llegaste” a mi izquierda vi otra puerta y me tiré hacia fuera, rodé por el piso y mi pera sangrante golpeó el filo de un escalón que a algún puto arquitecto se le ocurrió poner ahí, me levanté y corrí, ya salía de la galería cuando un vehículo frenó y quedé rodeado, no veía posibilidad de escapar, el whisky se me había terminado, tenía la pera como un tomate y dos nerds haciéndome puenting en los testículos, un disparo se escuchó, un fuerte dolor en el centro de mi espalda y se me nubló la vista, por lo visto mi camino llegó a su fin, y nunca fui al festival del salame en Oncativo

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2 comentarios

  1. Debía ser flor de porno para que no se dieran vuelta con disparos…

  2. Guaauuu..!!!!
    Estoy re enganchada!!
    Quiero más!!!!
    Rapidito rapidito..

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