Don Tiburcio (historia de un viejo de mierda)

pueblo cualquiera 

¿Qué le pasó a don Tiburcio cuando vio la tremenda nube que oscurecía su pueblo?  Nada, el viejo se metió en el living con muebles de mimbre y se tomó treinta y siete mates, ni uno más ni uno menos, había jurado, de pibe, que el día del juicio me tomo treinta y siete mates y a la mierda todo, que choquen los planetas y su hijo decía que había que coger, nada más. Entonces el viejo pensaba que hacía como cinco años que no se le despertaba el indio, pero no le importaba un carajo, el había pensado siempre que los treinta y siete mates iban a ser lo último que iba a hacer en su vida. Pero aplaudió doña Enriqueta y el viejo pensó que mejor no le atiendo ni bosta porque si no, lo último que hiciera en su vida iba a ser charlar con la vieja más chusma del pueblo, se sacudió las alpargatas pegándole chirlos con las palmas de las manos, el polvo se levantó y al viejo Tiburcio le dio lástima la vieja en la puerta, sí, sabía que el mundo se estaba por ir al mismo sorete pero al viejo le daba lástima que la vieja, lo último que haga fuera golpear las manos hasta el cansancio, se levantó y se acomodó las alpargatas sin ganas, se puso el sombrero, se levantó los pantalones, caminó hasta la puerta que tenía cortinas de plástico, casi sin colores por el sol, las corrió con una parsimonia que parecían dos parsimonias, en el fondo el viejo Tiburcio pensaba que si me tardo la vieja capaz que se cansa y se va y me deja viendo como se va todo a la mierda tranquilo, y ahí estaba la vieja. Y ahí estaba la nube che, inamovible, espesa, oscura.  Doña Enriqueta se acercó a la tranquera y le dijo al viejo Tiburcio que parece que van a caer sapos y él se rascó la nalga izquierda y le dijo que hoy se revienta todo porque algún día tiene que reventarse todo entonces la vieja se cagó de risa.El que no se cagó de risa fue el verdulero, que llegó tarde al mercado y la nube le hizo pegar un susto bárbaro porque pensaba que iba a caer piedra y la camioneta se le iba a abollar toda. En la tranquera del viejo Tiburcio se juntó con doña Enriqueta la esposa del Vasco, que venía de comprar mandioca, se enteró que vendían mandioca en el mercadito y dijo: y bueno, vamo a probá la mandioca a ver si le gusta al vasco de mierda este.Un ruido se escuchó muy lejos, el viejo Tiburcio pensó que tanto tiempo planeando esta tramuya de tomar los treinta y siete mates y las viejas hijas de puta me sacan de mi final, me embocan un par de chusmeríos y yo ahora, en vez de ver irse todo al mismismo infierno, me entero de que al vasco no le gusta nada de lo que le prepara la vieja frígida esta. Se levantó un viento bárbaro, el viejo Tiburcio se apoyó contra el tronco izquierdo de la tranquera y se fumó un armado, los planes se le trabucaron. Doña Enriqueta miró para arriba, un rayo de bosta descendía a velocidades que sólo eran comparadas, en sus extremos, con la parsimonia con la que abrió la cortina el viejo Tiburcio, reventó contra el centro del pueblo, donde estaba la plaza, donde los pibes iban a “darle la vuelta al perro” y donde la iglesia vigilaba que sus feligreses no mandaran la lengua dentro de la boca de sus parejas.

El pueblo entero se inundó, se tapó hasta la casa más alta en bosta, sólo asomaba la cruz de la iglesia, pero, aunque todos estudian el porqué de semejante suceso, nadie murió, solo el viejo Tiburcio, que se atragantó con la mitad del armado que estaba fumando, todos nadaron en caca. Durante unos años el pueblo fue como una especie de Venecia de mierda, la gente se acostumbró a tirarse pedos en vez de prender sahumerios, los pibes, cuando se cagaban, los padres ponían un ventilador al lado de los pañales, porque la caca que cayó del cielo tenía un olor a haber tomado fernet toda la noche, entonces, cualquier desperdicio que tuviera restos de comida era mejor que lo que allí reinaba. Triste historia, la del viejo Tiburcio, pero, si uno se pone la mano en el pecho, peor fue para el resto del pueblo.

que viejo de mierda.  

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9 comentarios

  1. “con una parsimonia que parecían dos parsimonias”

    La palabra “parsimonia” me puede, si son dos, más aún. Me encanta esa sucesión de letras tanto como tu relato.

    Un abrazo!

  2. ahora veo que probablemenete no me di cuenta y tomé 37 mates. por eso tanta mierda.

  3. Nardo… para que te digo que no… sí sí!!! entre tanta mierda y los 37 mates de Don Tiburcio… me gusta la forma que narras… mezcla de parsimonia y desenfado…
    Te cuento que siempre te leo… me encanta cómo escriben los argentinos…
    Un beso.

  4. Qué clima el del cuento, ¿vos sos de pueblo?
    Linda sorpresa.

  5. No hay con que darle, el tabaco sigue siendo la principal causa de muerte. Un mierda.
    Voy a pasar seguido para leerte.
    Un abrazo.

  6. Nardo: Por esas vueltas raras del destino, el final del viejo Tiburcio comparte un maloliente denominador común con el inicio del romance de Toto y Ana. Una de dos, o el viejo Tiburcio vivió cerca de Merlo Gómez,donde transcurre el citado romance, o estamos hablando de un inusitado coletazo del fenómeno de Calentamiento Global.
    Para mí esto es un misterio. Si vos tenés algún otro dato pasate por la Cámara y desburranos.
    Un abrazo.

    Macedonio

  7. Seguro que en ese pueblo hacía calor!!! Casi que me tomé los 37 mates y estuve en la tranquera charlando con el viejaje… fueron unas mini vacaciones… de mierda.

  8. jajajja! una parsimonia q parecían dos parsimonias..!! me encantó. che, pobre viejo.. ¿pobre viejo? jajaj

  9. Vic: gracias! a mi atmbien me encanta usar eso, o sea, tengo tantas ganas de usar eso que parecen dos ganas de usar eso

    C: que lindo que pases, la mierda es algo que viene, con los mates o no, es cuestion de tener paraguas, cosa que no pasa casi nunca

    Mari: gracias

    amalio: no, naci en cordoba, mi viejo vivio en un pueblito años, y yo me enamore, perdidamente

    juano: pase maestro, siempre es bueno

    macedonio: no he leido todavia lo de toto y ana, ahi voy

    rominita: que mini vacaciones te buscaste

    ale: idem mensaje primero

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