difícil empresa

 

 Cuando digo que no me gusta el aire acondicionado parece que hablara del amor, de la esperanza y de la paz, todos ponen cara de “dejá de hacerte el romántico ¿Cómo puede no gustarte?”.

Me arden los ojos, me empieza a joder la remera y me hace frío.

Yo que no puedo ver una ventana cerrada si todas las demás también lo están, no puedo convivir con nuestro antártico compañero.

Cuando digo que el aire acondicionado no me gusta ella levanta y baja la cara, arquea el camino que tiene bajo la sombra que dibuja su nariz como diciendo “a mi tampoco me gusta”.

Cuando digo que no me gusta el aire acondicionado pareciera que ofendiera, como si en vez de decir que NO ME GUSTA EL AIRE dijera que todos los que gustan de él son pelotudos.

No.

Solo son gentes que gustan de algo de lo que yo no gusto.

Que no puedo negar el placer de volver del infierno y sentir el abrazo polar, es un hecho, pero por el simple motivo de querer no ser tan extremista, me gusta, y me voy.

Nos acostamos a dormir la siesta con un ventilador degollado y nos olvidamos del frío, solo existe el calor, y si allí un aire acondicionado osara a reposarse contra nuestra pared, vería inevitable la pausa, el azul y helado aire como en stand by mientras el fuego se muere de envidia, mientras la expresión corporal se siente menos articulada que una escoba, mientras, de a poco, todo empieza a descender y en la pared que tiene atrás se dibuja una tormenta de rulos que se reproducen como un fantasma de alambre.

Este aparato que mira hacia un lado y hacia el otro, constante, humilde, nos dice que hay viento, que algo se tiene que mover, que no podemos ser tan egoístas de andar parando el mundo y volviéndolo un detalle.

La ventana, fiel cadete, entrega los mensajes, y cuando la danza llegó hasta el techo, nos avisa que hay un aire acondicionado en alguna casa esperando funcionar, que hay una ciudad que se está prendiendo fuego.

Ella no la escucha, yo no puedo, por más que quisiera no podría, y después, cuando empieza a asentarse el huracán, miro sin que ella se de cuenta, el ángulo visual me muestra desolación, allá afuera, están esperando que dejemos de incendiar la ciudad.

Cuando digo que no me gusta el aire acondicionado me miran con cara de “¿Vos no serás el hijo de puta del fuego no?” y yo me cago de risa pensando en ella levantando y bajando la cara, arqueando el camino que tiene bajo la sombra que dibuja su nariz como diciendo “a mi tampoco, dejá de hablar de aparatos y prendé el ventilador”.

Cuando digo que no me gusta el aire acondicionado es porque no me gusta el aire acondicionado y a la mierda.

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9 comentarios

  1. Ay, a mí tampoco, pero cómo decirle a mi negra que lo apague, o en todo caso que apague el ventilador, porque dormimos con ventilador y con aire a la vez, y entre tanto ruido yo transpiro igual y ella peor, como si fuera un horno.
    Ojalá volvieran las noches en las que podía dormir en la vereda…

  2. a me encanta,… no miento… me fascina y … quiero ecxagerarlo al sentimiento!!!!!, me delira…. el aire acondicionado pero desgraciadamente no tengo uno. UN beso

  3. no te gusta el aire acondicionado?

  4. A mi tampoco me gusta, aunque disfruto de su abrazo polar. Pero no me gusta, es más hace un mes que tengo un resfrio de mierda a causa de esa bosta…No es por el pucho, ehh?
    Beso amigo…

  5. Coincido con vos Nardo. Encender el aire acondicionado es darle aire artificial a nuestros pulmones, pero también les damos smog y otras porquerías por el estilo. Desafortunadamente, con estos calores es justo y necesario.

  6. Y bueno, sobre gustos no hay nada escrito.
    Bah, vos acabás de escribir algo sobre tus gustos… o sea que ahora sí hay algo escrito sobre los gustos.
    En definitiva, a mi sí me gusta el aire acondicionado. Aunque prefiero una pileta.

  7. amalio: que apague el aire, si transpiran igual.

    gaby: otro drama, que te guste y no tener, y bueno, queselevase.

    chicosoquete: no se.

    la lau: no es por el pucho?

    lucy: si, pero el smog no se puede apagar, un abrazo.

    maxi: me dejaste pensando.

  8. Algo parecido me pasó, hace ya muchos años, en oportunidad de ser amablemente alojado en la villa romana de unos amigos… gobernaba Nerón.

  9. aaaaaaaaaaaaaah! que epocas macedonio! que epocas!

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