Matones (primero)

Alberto desenfundaba la Chacata y todos se miraban, ansiosos, temerosos, como preguntándose “¿Quién fue el moquero?” pero Alberto era tan intermitente (característica por la cual lo apodaban Alberto “La Baliza” Gomez) que se emborrachaba y chacataba a cualquiera, sin distinción de raza, clero o equipo de fútbol.

Una de las historias que contaba el viejo esquizofrénico Eusebio no tenía nada que ver con La Baliza, pero la contaba tan bien que merece el comentario.

Elevó su mano izquierda y extendió el dedo índice, firme, comenzó a girar, como buscando un objetivo para chacatear. José Hermenegildo Serafín Sanchez Ordoñez Bogado Antún tosió, todos lo miraron, todos menos el Polo Manfredi, que había nacido ciego, pero como todo no vidente fue el primero en percibir el sonido.

El silencio era tal que se podía escuchar como la Chacata de Alberto se acomodaba en dirección a José Hermenegildo Serafín Sánchez Ordóñez Bogado Antún. La Chacata de Alberto era conocida en todos los boliches de barrio Alberdi, más que por su historia, porque era la única en todo Córdoba, y La Baliza Gómez la manejaba como nadie, cualidad que le era propia por la misma razón que proveía de fama al artefacto: era el único que lo manejaba, nadie vio nunca otra Chacata por lo tanto a ningún chacarero para comparar con Alberto.

José Hermenegil… (vamos a decirle Pepe para ahorrar lubricación ocular) Pepe tragó saliva, Ramón, el dueño del boliche no sabía si intervenir o no.

La Chacata y Pepe se enfrentaron, temblaba el aire, nadie se movía, nadie respiraba.

Cuando se daba por hecho que Pepe iba a ser chacateado se abrió la puerta que daba a la calle, una silueta se dibujo con un fondo penumbroso, a lo lejos en la fría noche se podía divisar el imponente cementerio San Jerónimo.

Fragmentos de puro desamor (quinto)

¡No Jorge no! No pienso volver con ella.

Pero Roberto, no puede ser tan grave.

– No es tan grave nada para quien lo ve de esa manera Jorgito, para vos lo más terrible que te puede pasar es que la encontres a tu jermu con otro en la cama, para mi es que todos los putos familiares de Beatriz sepan cada detalle de mi vida Jorgito, si me enojo, si lloro, si soy tierno, si me chupo con vermú, si me chupo con ginebra.

Pero vos sabés como son las mujeres.

Si, y se que también las hay más discretas.

– Pero hasta ayer tu problema era que se había vuelto estirada.

Claro, pero ahora, estos días que no estuve con ella, me voy enterando de que si levantaba la voz lo sabía hasta el ministro de economía, en caso de que fuera familiar o amigo de la Beti.

¿No estás exagerando por el proceso de separación Roberto?

¡Andá a cagar Jorge!

En serio, cuando nos separamos la primera vez con Susana yo pensaba que todos los días me rompía los huevos con que tendiera la cama, lo pensé más detenidamente y… pará, si, me rompía los huevos loco, pero la Beti es distinta.

Si, la Beti es un panelista de Mauro Viale y yo soy el caso Cabezas.

Estás enculado Roberto, voy a comprar vino.

Si me pongo un poco nervioso, muy nervioso, nada nervioso, como me ponga, lo sabe cualquiera que le pase cerca.

Aguantame que voy a comprar el vino, tranquilizate.

Bueno, pero tené cuidado con el… ¡Cuidado!

A Jorge se le cayó un pedazo de viga del techo que estaba apuntalado con una madera, la cual tocó sin querer con la rodilla, le abrió la frente y perdió el conocimiento, si bien Jorge no tenía mucho conocimiento, perdió el que tenía, aparte no hay que infravalorar los conocimientos de cada uno. ¿Quiénes somos para decir si Jorge perdió mucho o poco? Lo perdió y punto, por ahí para él era mucho, aparte “perdió el conocimiento” es una forma de decir que quedó inconciente, o sea, no de los inconcientes que andan haciendo barbaridades por la calle… ¡Se desmayó! Ahí está, se desmayó y Roberto corrió a ver como estaba, el panorama no era muy alentador así que fue a la vereda, a ver si estaba el Pelado con la renoleta, y estaba, y entró y se llevaron a Jorge al hospital.

Beatriz nunca se enteraría de eso, Roberto estaba tan a la defensiva con el tema que pensó “esto, aunque sea esto, va a quedar fuera de los oídos de Beti y su entorno… muaja… muajaja… MUEJEJEJEJEJEJEJEJE” y los ojos se le cristalizaron.

Ahora, que mal ocote este Jorge… ¿No?

Fragmentos de puro desamor (cuarto)

 

  • – La Mirhta Legrand parece una vieja mersa al lado de la Beatriz.
  • – El de la idea del cambio de actitud ante la sociedad fuiste vos Roberto.
  • – Ya sé, pero se fue al carajo, no toma mas mates ¡¿Entendés lo que te digo Jorgito?! ¡La Beti no toma mas mates! Ahora se le puso que toma té, como los ingleses, como los ingleses y la puta madre que los re mil parió.
  • – Che, Roberto, pero vos no estás más con ella.
  • – ¿Quién dijo?
  • – Vos.
  • – Bueno, pero ella sigue acá, si no tiene donde caerse muerta, si te digo que es pura facha es pura facha, y hay noches que le damos, le pegamos al perro de lo lindo, la carne es débil papá.
  • – Así no se va a terminar nunca esto.
  • – Vos tendrías que ser detective, tomá, cambiá la yerba.

 

Beatriz se instaló y escrituró en terrenos que le eran extremadamente ajenos. La alta sociedad, a su entender, era el lugar que merecía.

Roberto no se pegaba una patada en los testículos porque nunca tuvo buena elongación.

Jorge guardaba un secreto, un peligroso secreto, también guardaba un sándwich de milanesa en la caja de herramientas, “la vianda está más cara que la mierda” decía.

Yo tendría que ir al dentista y al dermatólogo, pero encima de despistado, soy cagón.

No dejen de pasar, que en el próximo fragmento parece que se arma una bronca lunga, como será que yo no veo las horas de que se me ocurra algo y me den ganas de escribirlo, tomá mate.

besos

 

Fragmentos de puro desamor (tercero)

 

– Del techo, de la esquina que está arriba de la cocina. De ahí caen pedacitos de revoque. Yo me pongo como loco, siempre digo que voy a arreglarlo y nada, después cocino un guiso y mastico piedritas. Siempre lo mismo, aparte cada vez que me acuerdo es porque estoy cenando, cenando revoque.

– Tu problema Roberto es que no podés vivir sin Beatriz. No arreglás eso porque no está ella rompiendo las pelotas porque da mala imagen. Vivió siempre en este rancho, pero desde que se les ocurrió mejorar la actitud se fue todo al carajo, tomá, un mate.

– Jorge, tus consejos me tienen los huevos al plato, arreglame el techo y yo te alcanzo unos amargos.

– Roberto, volvé con la estirada de tu mujer, prefiero aguantarla pidiéndome que me saque los zapatos porque barrió el piso de cemento que hay acá. Vos deprimido sos insufrible viejo, dame el balde y la cuchara.

 

“Ay, ay, ay, el amor, el amor”, palabras de otro viejo sabio, los viejos sabios nunca dicen “el amor es bueno” o “el amor es malo”. Siempre es “Ay, ay, ay, el amor, el amor”. Roberto está en una encrucijada y los viejos sabios dicen boludeces sin compromiso para parecer profundos. “Ay, ay, ay” (ese fui yo).

Fragmentos de puro desamor (segundo)

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Roberto, ¿Me alcanza la goma de mascar de se encuentra sobre mi tosca mesa de luz?

–         Beatriz, ¿Podría dejar de romper las pelotas con sus modales? Va y se busca los chicles y la mesa de luz la hizo mi viejo que era carpintero, tosca la voy a dejar a usted a puro cocacho.

El cielo se volvía una tenue y desteñida sábana, las noches trámites pendientes. Roberto no podía vivir sin Beatriz, tampoco soportarla, su mente se disputaba entre mandarla a lavar los platos o comprarle un tul turquesa gastando todo su sueldo.

Beatriz hasta olía a lavanda y Roberto a lavandería.

“El amor, el amor, ay ay ay, el amor” habría dicho un anciano que suspiraba, una y otra vez, frente a un local de todo por dos pesos en la avenida patria, allá, por los años cuarentaytrece.

fragmentos de puro desamor (primero)

         le amo Roberto

         no se me haga la fina Beatriz… ¡seradedio!

Y el amor pasó, inmediatamente, a ser un recuerdo, un placebo, un insignificante ojal de pasado.

Roberto no pudo luchar (y miren que lo intentó) contra su eterna y prominente vulgaridad, Beatriz, en cambio, se pasó de revoluciones, se volvió insoportablemente disciplinada, hasta para las clases más altas. Beatriz ingresaba en algún club de golf en Mendiolaza y las viejas forras, automáticamente, sentían que hablaban mal, que se expresaban peor y que sus vestimentas no eran las adecuadas para tan fina reunión..

 

Roberto sufrió la ruptura, también sintió que no había hecho lo suficiente, pero Jorge le vivía diciendo que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, esa mina duele de estirada, buscate una buena hembra pelotudo y dejate de joder” y Roberto pensaba, pensaba, esto no era sorpresivo.

Cuento de terror o drama (tiempo de lectura: según el que lea)

El tipo cerró la puerta, el dedo quedó entre la madera hinchada de la misma y la otra madera no tan hinchada del marco. Bajó las escaleras y sin inmutarse subió al primer taxi que pasaba por ahí, el dedo quedo entre la goma vieja del auto y la chapa recién pintada de la puerta trasera “¡Siga a ese perro!” le gritó al taxista. No fueron a más de 10 km/h y pararon cada vez que el perro se metía en alguna casa o simplemente levantaba la pata en algún árbol para orinar… era macho. Sigue leyendo