saluding

 Viene y la cabeza se disputa, los sentimientos de placer y desesperación se comienzan a entrelazar.

Los pelos de los brazos se erizan y la piel se asemeja a la de un pollo o gallina.

Los ojos se me llenan de lágrimas y un huracán pareciera devastar mi interior.

Es casi imposible emitir una simple y miserable palabra, no hay control.

Eso, el control sobre uno mismo se torna ausente y la puja por salir es cada vez más frenética.

Aire, agua, viento.

Estado casi imposible de definir, placer escondido, dolor diferente, odio, amor, sensibilidad y dureza.

Quiero, no quiero, quiero, no quiero.

Fuerza para afuera, para adentro, uno solo, eso, uno se encuentra solo.

Y cuando ya se torna incierto busco la luz, porque es la que impulsa, y quiero gritar, pero no, mi cuerpo ya no es mío.

La mente ya no es mía, ya nada es nuestro, así, de golpe, como si fuera a estallar, por fin, por fin estallar, la calma, la maldita calma, pero el caos está latente, en el momento justo, sin daños colaterales graves, podría haberse desatado la tempestad, pero no, calma.

Con el entrevistador expectante, de frente, con sus ojos clavados en el formulario que llenaría, si no fuera porque ahí está, como una guerra en tregua, ahí, apuntando, ahí viene, ahora, en el momento menos oportuno, la tregua, hablando claro, se fue la tregua a la mierda.

¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAATCHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIS!!!!!!!!

 Babamocobabamocobabaformulariomocobabamocobabamoco.

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History

Tito corrió las ramas con la mano derecha y con la izquierda apuntó. Tito era zurdo de la boca para afuera, pero nació totalmente diestro, por eso, de los cinco disparos que efectuó, solo uno dio en el blanco, para satisfacción extrema del pseudo subversivo de Tito.Silbando una de José Luis Peralez se acercó al sitio de donde, supuestamente, provino el quejido del animal abatido por el certero disparo.Sandra cocinaba en la carpa un guiso de lentejas, el favorito de Tito. Cada vez que Tito se adentraba en la selva, Sandra sentía que el amor y la pasión por su delgada pareja se renovaban.

Tito volvió arrastrando un cadáver, su rostro era la más fiel postal de la victoria.

Sandra se desfiguró.

Tito soltó el fruto de su cacería y la besó desaforadamente.

Sandra grito “¡¿Qué hiciste bestia?!”.

Tito le dijo “no empecemos que sabés que odio estas discusiones”.

Sandra comenzó a llorar.

Tito explicó “solo es un boliviano, pensé que era un guanaco, para mi son lo mismo, solo que el guanaco es más tierno si lo dejás un rato en leche antes de tirarlo a la parrilla”.

Sandra se incorporó, ferviente militante a favor de los derechos humanos y en contra del racismo, tomó el cucharón de metal y golpeó a Tito hasta que este murió.

Sandra se arrodilló y lloró desconsolada.

El boliviano se levantó.

Sandra gritó y trastabilló “¡Está vivo!”.

“Si” dijo el boliviano mientras se sacudía la tierra de encima y agregaba me hice el muerto, la bala solo me lastimó levemente el hombro”.

“He matado a mi novio en vano” decía entre sollozos Sandra.

No fue en vano, la intención del muchacho era deglutirme, para él, como para gran mayoría de argentinos yo soy menos que un animal”.

¡Yo soy argentina y respeto todas las razas!” gritó Sandra.

El boliviano se acercó Ahora con el afán de demostrar que sted está comprometida socialmente está dejando en un plano secundario el hecho de que su pareja yace sin vida y desfigurado junto a usted”.

Sandra se desgarró las ropas “hágame lo que quiera, me lo merezco”

El boliviano se introdujo unas hojas de coca en la boca y respondió a tan tentador pedido Señorita, los bolivianos somos muy respetuosos, quizás, para la eterna prepotencia argentino-europea eso represente sumisión y debilidad, pero sepa disculparme, soy casado y creo que la lealtad y la fideli…”

Las palabras del boliviano fueron interrumpidas por una lluvia de misiles, los cuales fueron arrojados por aviones colombianos gracias a la ayuda de la última tecnología norteamericana.

Uno de ellos fue tan certero que, en el momento en que los forenses de la OEA efectuaron un minucioso rastrillaje solo encontraron una teta de Sandra, toda chamuscada y negra, un bollo de hojas de coca masticadas y la mano izquierda de Tito.

El mundo, conmovido, exhortó al imperio estadounidense a hacerse cargo de tan terrible episodio de violación a la soberanía Costarricense.

Colombia no dio ni la más mínima explicación y el presidente mujer argentino renombró al por entonces intendente electo cordobés como “Juana Schiaretti” para que, mediante sus superpoderes renombrara por decreto el “Orfeo Superdomo” como “La teta de Sandra Superdomo”

Todo esto fue inútil y al igual que la descolgada de cuadros de la ESMA, pasó solo a formar parte de la letra del cantautor argentino León Greco Titulada “Sandra Salamandra”, la estrofa más pegadiza decía

Sandra, salamandra,

Que vuelves cálido,

Este continente,

Yo quiero que su empresa,

Se vaya de París,

Sandra,

Salamandra,

OH! OH!

Sandra,

Salamandra

Con el cual ganó cinco premios Gardel, a mejor canción, mejor disco, mejor video clip, mejor álbum y mejor compromiso humanitario a la hora de aprovechar hechos significativos y potencialmente históricos para así volverse mas groso para los que ya creían que era groso por grabar una publicidad para Telecom con el pretexto de una donación solidaria y caritativa.

Cayó el gobierno de Katmandú pero, sorprendentemente, no tuvo nada que ver con la teta de Sandra, con los misiles y mucho menos con la canción del argentino más querido de la izquierda.

Hoy conmemoramos quichicientos años de tan devastador hecho sanguinoliento internazionale, rogamos la difusión de la cadena que dice que se cierra Hotmail y la del nene que hace 15 años tiene dos años y necesita un riñón.

Que nos invada el espíritu chato de la vernacula manutención interna.

Besos.

 

se vemos

Vuelvo, pero de paso, vuelvo porque había telarañas en la parte donde dice “CHORIPAN DE PLATA”.Vuelvo porque volver es mi eterna repetición, vuelvo sin ideas porque las pocas ideas son mi eterna repetición.La semana que viene me mandaré de cabeza, otra vez, a escribir boludeces.Vuelvo porque quiero que vuelva también la continuidad de la terapia.Vuelvo porque devuelvo.Vuelvo porque no hay gobierno y cuando lo hay devuelvo.De todas formas no digamos que es LA NOTICIA.Vuelvo por eso, porque no es LA NOTICIA.Revuelto porque revuelvo, diarios, páginas, noticieros, cartas, tierra, puto gobierno falso como dólar celeste.Más que volver yo sería bueno que volviera la coherencia que nunca vino, nunca pasó, ni a tomar unos mates, los amargos que tomamos con la ansiedad te esperan, coherencia, coherencia, sos una hija de puta.Mirá la hora que es la puta madre.Es la mejor hora.Ella duerme, parece que no la dejara dormir, pero nunca se, es tan sensible al entorno como yo.¡Vuelvo querido!¿Te acordás cuando decíamos que en cualquier momento se armaba la podrida?Todos los años parece que se arma la podrida.Ya está todo podrido, que se arme la gorda. Mejor no vuelvo, vuelvo la semana que viene, que parece que va a ser más firme, parece que ya voy a estar sentado, tranquilo, desesperado, pero eso si, menos ansioso.Parece que volaron a la mierda mas de 40 tipos de esos que viven en Irak, ahí, donde Jorge lleva la paz.Bueno ¿Todos los días?Entonces mejor te comento que sobran quichisientosmilmillonesdepesos.Si, lo van a guardar.Nos vemos la semana que viene, voy a tener cama, mesa de luz, velador.Voy a estar más liviano y se me va a tallar una sonrisa que va a parecer un tatuaje.Vuelvo porque falta una semana para que vuelva.

Vuelvo cuando se me ocurra algo más interesante para escribir, o no.  

vuelvan  

Saludos

 

“Nada nos deja

más en soledad

que la alegría si se va”

te veía porque te veía mi viejo.

te aprendí de memoria,

como diciendo “apenas te entienda juro que me cago de risa sinceramente”

te entendí,

y te tomaste el palo,

un vaso de vino,

tirate un centro negro.

¿volar, volar,volar,

volar, volar

¿Cómo es Alberto volar al más allá?”

increíble

Estoy atendiendo y la señora me pregunta “¿Vendes caramelos gomita?” y yo le señalo una bolsita llena de esas pelotudeces de colores, frutales.La señora no está conforme “No, yo digo “gomitas mentales” y a mi se me revoluciona el cerebro.El caudal de imágenes es un tsunami, “no señora, no tengo de menta, suelo tener de eucalipto pero MENTALES no” a la vez que pienso “si, tomá, acá tenés gomitas mentales, pero solo las ven las personas inteligentes” o “si, imaginate que te doy una bolsa con 28 kilos de gomitas mentales, son cuatrocientos dólares, podes pagarlo con dólares psíquicos” y así, la señora se fue hace más de una hora, son las tres de la mañana, y mi mente es un orgasmo constante, un libro comienza y termina en mi cabeza, sonrío, que la gente a las pajitas, por una cuestión de pudor les diga “sorbetes” “cañitas” etc. Ya no es anecdótico, que encima aparezcan los que no encajan en el perfil y me pidan “sorbeNtes para la gaseosa” tampoco, mi cabeza se llenó de gomitas mentales, y así sobrevivo a otro trasnochar de kiosco, levitando, entumecido de sonreír.“gomitas mentales, no lo puedo creer” pienso “no lo puedo creer”.   

Agrega tu propia molestia (elige tu propia aventura ya tiene derechos muy caros)

Lo monótono que debe ser charlar con un operador de taxis o remis. 

Lo demasiado colorinche que debe ser hacerlo con un locutor de radio de hits románticos. 

Lo in entendible que se puede volver comentar el precio de los limones con un estudiante de filosofía de primer año. 

Lo eterno, eterno, eterno, de comentar un libro con uno de primer año de letras. 

Lo pesado que se vuelve nombrar CUALQUIER mujer frente a un baboso monotemático. 

Lo desesperante de discutir de religión con un católico. 

Lo incómodo y molesto de tener un psicólogo nuevo en una reunión. 

¡Oh! ¡La visión!

tirame la gomita

 

Tengo un puñado de caramelos gomita que se ponen pegajosos, blandos. La sensacion es desagradable, odio todo, absolutamente TODO lo que sea pegajoso, más aún si es comestible.

Nunca como caramelos gomita pero hoy me levanté con un puñado de caramelos gomita que, al parecer, tuve en mi mano toda la noche, ya es una especie de masa uniforme que no me permito ver, ya la palpo nauseabunda, la visualización puede ser un detonante, agradezco mirando el paquete vacío en el piso, agradezco a su fabricante, porque no emanan hedor, son gomitas, son frutales, si esto tuviera olor a mierda, se sumaría la tan efectiva participación del olfato y quizás, con suerte, solo vomite lo deglutido ayer.

Tengo un puñado de caramelos gomita y no soy capaz de desarmar mi puño, por el contrario, aprieto, más, más, más, así que todo ahí se vuelve más y más desagradable.

No puedo huir, no puedo abrir, no puedo espiar, no quiero oler ¿Hasta cuándo puede uno soportar? Salgo de bañarme, me voy a trabajar.

Soy un triste empleado de call center, nunca elegí este trabajo, pero soy la pequeña y volátil creación de un escritor poco talentoso, vulgar, tan común que me mete a trabajar en un call center para que yo, desde adentro, pueda decir que no soporto que a un pelotudo se le diga lider, que a un grupo de pelotudos se les diga team, que a una “manada de pelotudos” se les diga “manada de pelotudos” pero en inglés, no lo soporto, no puedo ir al baño, me preguntan que me pasa en la mano y no soy capaz de decir que desperté con un puñado de caramelos gomita y que, aún a media mañana, no entiendo bien porqué.

Vuelvo a mi hogar luego de vivir una patética y triste vida de call center, necesito el dinero, no se si puedo fundamentar eso, pero lo necesito.

Duele, duele la muñeca, me explica mi vieja que son los tendones, que me duelen de tanto presionar, que tome la leche que me preparó y que no sea tan estúpido, que ya tengo casi treinta años y que me sigo portando como un pibe de 15, que me llamaron dos veces y que ninguna fue una chica, que si ando bien, que en qué ando, que por qué no me llaman chicas.

Tengo un puñado de caramelos gomita y temo no superarlo, ¿es biodegradable el caramelo gomita? Me pregunto una y otra vez, en caso de serlo ¿Se volverá parte de mi mano o solo se pudrirá? Y si se pudre ¿Me infectará la mano o también se volverá parte de mí? Tiemblo con solo pensarlo, la putrefacción provocaría que el olfato haga de las suyas, y si pierdo concentración en un incontrolable vómito, puedo llegar a soltar los caramelos gomita, y verlos, ya presos de las bacterias, y la visión, ¡Oh! ¡La visión!

Tengo un puñado de caramelos gomita y eso que a mi no me gustan mucho los caramelos gomita, una vida por delante, una camisa que no soy capaz de estrenar porque es “muy camisa” y yo soy mas “remera” o “camisa que parece remera”, una esperanza de acero y un temor incontrolable.

Lo más tangible, por ahora, es el puñado de caramelos gomita.