Capitulo 14.2 (Relata Alejandra – dibuja Marcos "Laky" Luc)


No tenía noticias de Krillich, ni de Egro, empezaba a desesperarme, yo vi sus cabezas, después no estaban “¿Me estoy volviendo loca?” pensaba.

Ya era de mañana y le dije a mi padre que fuera al médico, me dirigía hacia la habitación de Marcos, la noche clave ya había pasado, no teníamos chance de que la Remolacha Suprema nos develara la hubicación. Mis esperanzas se desvanecieron.

Dejé salir a Marcos, algo en él no era normal, siempre pensé que en sus ojos (lo único que se le veía) había algo extraño, como si su ignorancia escondiera secretos, pero siempre supuse que era simplemente el cariño que le tenía.
– Andá Marcos, vos sos el único que no se entera de nada, aprovechá para pasarla bien estos últimos tiempos – le dije mientras le abría la puerta.
– Disculpame Alejandra, creo poder dirijirme a vos con el simple fin de comunicarte que los seres Marrones están en este momento con Krillich, tratando de develar el misterio de los portales, Egro y Moisés, muy probablemente esten vivos, aun quedan esperanzas aunque muy lejana está la posibilidad de que todos terminen vivos esta historia – una proseción de palabras marcharon de entre el pelaje de Marcos, mi asombro me inbmovilizó.
– pe… pero… pero Marcos, nunca te escuché hablar – tartamudeé asombrada.
– Siempre me mantuve callado, mi misión no era hablar, el mapa se develó ante mi anoche, aguardo la llegada del que, con vida, regrese de las montañas, también se que Juán, el cordobés de gran hermano 2007 salió en segundo lugar, que la democrácia en Argentina es una farsa ya que votamos a un candidato sin el más mínimo conocimiento de sus acompañantes en la lista para luego, cuando tomaron el poder, recluten a integrantes de los partidos contrincantes para acompañarlos en sus formulas logrando así un negociado que genera, en su punto más fuerte y efectivo, una ignorancia globalizada que permite un manejo de la sociedad a gusto y piaccere – estallé en un llanto, estaba indispuesta, era lógico.

Antes de poder entender lo que pasaba, veo a Marcos correr desesperadamente hacia la puerta, los autos de los tipos que habían venido anteriormente. Comenzaron a disparar pero Marcos llegó y se trenzó en una lucha voráz, corrían, disparaban, y mientras esto ocurría, siento una voz desde la montaña, no lo podía creer, eran Egro y Moisés, aunque sin Krillich.

Relata Egro.

Al fin vi nuevamente a Alejandra, corrí desesperadamente hacia ella, ni bien estuve a una distancia prudente, la besé, como nunca había besado a nadie, alejé mi cara sonriente y mis ojos llenos de lágrimas y me pegó, como nunca antes me habían pegado. “me parece que está indispuesta” me dijo Moisés en secreto “¡desubicado, irrespetuoso! ¿Porqé no dejás estas estupideces y vas a ver que Marcos está peleando con unos tipos en la puerta?” me gritó Alejandra y corrí hacia la entrada del hotel, Marcos luchaba con todos los hombres de Moralez, al cual logre ver dentro de uno de los vehículos, cobarde, viendo la lucha, sin participar, maldito cabrón, ni siquiera se animaba a salir del auto, escucho un disparo y me tiro sin dudarlo al lado de un añejo árbol, muy buen gusto tuvo la persona a la que se le ocurrió poner miles de piedritas blancas alrededor de semejante planta, muchas de las cuales se incrustaron en varias partes de mi cuerpo, provocando un dolor bastante fuerte, no tan fuerte como el que provocaron luego de que a Moisés se le ocurriera arrojarse en el mismo lugar, exactamente, arriba mío. Comenzamos a ver la pelea desde allí, y también veía al maricón de Moralez observarla desde el interior del automovil, de repente, Marcos cae al piso, inmóvil “Estamos hasta las tangas” creí oir decir a Moisés.

Se acerca uno de los hombres de Moralez, nos apunta con su arma “¡Jefe! Acá están los dos que buscamos” dijo y Moralez se nos acercó.
– me cansaste Egro, voy a tener que convencerte por las malas de que dejes de hinchar las pelotas – dijo y apuntó a Moisés.
– ¡esperá! – grité – el no tiene nada que ver, es un pelotudo que se prende a todas las cosas que hago yo.

Moralez apuntó a Moisés, en cuestión de segundos veo una sombra pasar frente a mi y escucho un fuerte disparo, veo caer a Alejandra con un orificio en la frente, inmediatamente después siento un fuerte ruido y la cabeza de Moralez vuela hasta caer a unos metros de donde estabamos nosotros, los tipos empezaron a correr en circulos y gritando, era el Careperro y los bichos que aparecieron con Krillich, el cual se hayaba tomando whisky a unos metros.
– ¡Alejandra se murió y vos tomando whisky! – le grité a mi hermano.
– Todos sabíamos que alguien iba a morir – dijo uno de los ratones humanos.
– Pero…

relata Krillich

tuve que golpear a Egro, el dolor no lo dejaba ver que habíamos triunfado, que Moralez estaba muerto, nadie buscaba ya las dos mitades del Choripan de Plata. Acostamos a Egro en una cama y dejamos a Moises cuidándolo. Fuimos a la montaña y Gervasio y Johan me ayudaron a cargar las botellas de whisky. Bajamos, esta noche me iba a emborrachar como nunca… como siempre.

Al llegar al hotel, el Careperro había quemado todos los cuerpos, menos el del peludo gigante que estaba tirado en la entrada y el de Alejandra.

Destapo una botella y le doy un trago, convido, había pasado apróximadamente una hora, Egro lloraba abrazado a Careperro, el cual tocaba dos guitarras con cuatro de sus patas, un bongó con las otras dos y acompañaba con un bajo con el par que le quedaba libre, increíble, ninguno de nosotros podía creer lo que hacía Careperro, tocaba todos esos instrumentos y a ninguno lo hacía sonar bien, estaba torurándonos. Gervasio bailaba solo, Johan me contaba un chiste muy malo pero yo no paraba de reírme, Moisés estaba parado junto a Egro, Moisés le daba al whisky, me empezaba a caer bien el petizo. La noche era ideal, habían muerto Alejandra y el peludo, Johan me contó que se llamaba Orfilio, que todos lo conocían como Marcos, era muy amigo de su hermano.

Ya estabamos todos bailando, hasta Egro decidió sumarse al festejo, más allá de las perdidas, habíamos salvado al mundo, yo destapaba una botella más cuando el piso comenzó a temblar, las copas caían de sus repisas, nosotros tambaleabamos, aunque veníamos tambaleando hacía un buen rato. Gervasio vomitó y Johan gritó “¡Cuidado Egro arriba tuyo!” pero no fue suficiente su grito, un pedazo de viga cayó sobre mi hermanito, como pude, luchando contra el temblor y la exagerada borrachera que me poblaba, me acerque, pero sobre el pedazo de viga cayó un trozo de techo, una cama de dos plazas, una mesita de luz, un velador y un cenicero con cenizas que volaron por el aire. Moisés gritó, sus lágrimas salían disparadas de sus ojos, los marrones me sostuvieron y me arrastraron hacia afuera, el Careperro saco a Moisés y todo, absolutamente todo el hotel se derrumbó, luego, para mi asombro, un enorme agujero se comenzó a formar al rededor de los escombros, una luz salió desde abajo, y todo se sumergió, en la superficie solo quedaba en pie una habitación que, según me dijeron, era donde dormia Marcos.

No entendíamos nada, para colmo de males, Moisés lloraba a los gritos, tuvimos que cargarlo a uno de los autos que estaban en la puerta y salir de ahí.

Mientras saludaba a los marrones y a Careperro un celular sonó dentro del auto
– ¿Hola?
– Hola, ya estamos listos, espero que hayas conseguido la Remolacha Suprema, si no, sabés que vas a encontrar una carnicería en tu casa – no entendía, parecía que la voz del otro lado me confundio con el dueño del celular.
– ¿Quién habla? – pregunté.
– ¡Vos no sos Moralez! Ya vamos para allá – gritaron y se cortó la comunicación.


¿FIN? ¿DI END? ¿GUATAFAC?
muy pronto, y mientras se gesta la segunda temporada de Las Dos Mitades del Choripan de Plata
llegan, de las mismas inutiles manos creadoras de esta infalible historia.
LOS RECOVECOS DEL ARMARIO

Capitulo 14.1: el encuentro (relata Krillich – dibuja Laky)

Salí afuera (me chupa un huevo si se dice así o no se dice así) y se me vino el pajarón encima, uno de los ratoncitos se me tiró encima y me salvó de que me metieran un picotazo en las bolas. Empezamos a correr por entre medio de los árboles, Gervasio le tiraba poderes con sus ojos, esos bichos eran más raros que la mierda. Johan me empujó y caí al lado de el primer portal que vi, el de piedra, se metió y desapareció, se me venía el pájaro, me apuntaba a las bolas “¡que bicho mala leche!” pensaba. De adentro de la piedra salió una mano peluda y me arrastró, aparecí en un lugar florido, hermoso, aspiré y antes de oler una puta flor me arrastraron hacia un zotano, estaba mareado, no entendía nada, antes de acomodarme escuché una voz “¡Krillich! ¿sos vos?”
Egro, al fin te encuentro, estoy buscándote por todos lados, me metí en cada quilombo en un sólo día ¡¿En qué carajo andas hijo de puta?! – le grité mientras trataba de entender dónde estabamos, él estaba atado junto al pelotudito de Moisés.
¡Desatame! Si baja ese monstruo y nos ve nos morfa a todos – me explicaba Egro con una cara de susto increíble.
No se preocupen, yo lo conozco, su nombre es Careperro, no es malo, pero quiere evitar todo esto y no sabe como – explicó Johan y agregó – vos Krillich desatalos, yo voy a hablar con Careperro.

Capitulo 13: Y el tiempo no para (relata Moralez – dibuja Marcos "Laky" Luc)


Hacía horas que esperaba que el fenomeno come-queso me avisara cuando debía actuar, me estaba cansando, sabía que no podía confiar en una rata. Pasaba el tiempo y no tenía noticias de Egro, tenía a mis hombres al pedo como cenicero de moto, se la pasaban jugando al ajedréz, yo me estaba cansando y para colmo de males el escritor se la agarró conmigo. “¡Me tienen las bolas llenas!” me gritó “¡Movete vos con todos esos pelotudos que tenés de empleados, ya la gente se pone hincha pelotas y me pregunta que carajo es el Choripan de Plata, que paraqué sirve la cajita con los $10 y yo no se que hizo el otro pelotudo con los cubiertos que también preguntan giladas como esas! ¡Mové el ocote que esto no es Lost!” estaba sacado, yo le había recomendado que no contestara los comentarios que dejaba la gente, o que firmara como anónimo, pero claro, él no da bolilla y ligo yo que soy un invento de él. La seguía “y traten de buscarse alguna palabra rara o algún tic que también se quejan de que todos relatan igual” se prendió un pucho y se fue rezongando “¿Quién me manda a mi a hacer un blog? ¿Porqué no miro páginas porno cuando estoy en internet en vez de escribir estas pelotudeces?” y salió de su cabeza.

¡Adelante mis valientes! – les grité, se me ocurrió que si comenzaba a hablar como la Solita Silveira contribuiría a la diversidad de de relatos, pero nadie me dió bola.
¡Muevan el ocote manga de universitarios mimados y amanerados intelectualóides! – arengué y capté su atención.
Espere jefecito, le hago un jaque pastor y vamos.
¡Qué vas a hacer jaque pastor vos! si cuando vos pensas una jugada yo estoy tres movimientos adelante tuyo. – gritó el que jugaba con las negras.
Pateé el tablero (literalmente) y subimos a los vehículos. “¡Al hotel Edén!” ordené y salieron haciendo chirriar las ruedas, uno de ellos hizo marcha atrás, bajó el vidrio de la ventanilla “perdón jefecito, pensé que ya había subido”.

Relata Krillich

el pasillo nunca llegaba a su fin, ni siquiera alcanzaba a divisarlo, tenía que llegar a la puerta que tuviera la hora y la fecha a la cual me habían mandado, tenía unas ganas de mear que parecían dos. Estaba en una puerta que decía “1500 d.c” y me mandé. para mi sorpresa y para complicar el estado orinal que me aquejaba, del otro lado de esta puerta había otro pasillo con mas puertas, empezaba desde el 1599, intente abrir una y no pude, ya comencé a correr con las rodillas chocando entre sí. para mi sorpresa (again), al llegar al año 1582 la puerta estaba abierta, obvio, del otro lado había más y más puertas y me cansé, la del 4 de octubre recibió un potente, constante y cálido chorro amarillo que se fué metiendo por debajo de la misma. Me relajé, habré estado orinando unos 5 minutos, me senté contra el 3 de octubre, día que estaba al frente de la dichosa abertura recientemente orinada. Algo no encajaba, del 4 seguía inmediatamente el día 15 “Se habrán confundido” pensé, me levanté y volví al pasillo principal, volví a caminar tratando de encontrar nuestras épocas.
-¡Krillich! – el pasillo se curvaba delante mío, de allí apareció un sujeto que gritaba mi nombre.
¿De dónde salist…? – mis ojos no podían creer lo que veían – vos sos el…
-si, el Teto Medina ¿cómo estás? te estabamos esperando.
-¡Uh! había dicho que no iba a orinar más, el tiempo, los días que faltan en 1582, ahora vos – no dejaba de rascar mi cabeza… él no dejaba de rascar mi cabeza.
-Vamos Krillich, te voy contando en el camino ¿Querés un poquito de whisky? – sus ojos, de repente, me perecieron tan luminosos, su bigote tan prolijo.
-Teto, gracias, para mi vos eras el mejor de Ritmo de la Noche, el pelado Jacubovich era un gil al lado tuyo.
-Acá estamos todos los que nos quedamos en el tiempo, mirá, allá está la señorita Lee de 6 para Triunfar, ese de ahí es Marcelo Dosantos, siempre tenemos que cuidarnos porque Mirtha Legrand quiere meterse, pero ella no se quedo en el tiempo, cambió de dirección y la parca no la encuentra nunca – el Teto Medina ¡Que groso!
-Perdón Teto, pero tengo que llegar al 2007 y estamos por el 1800, no falta mucho, pero ya me retrasé bastante.
-No Krillic, acá no pasa el tiempo, sería como el País de Nunca Jamás pero sin el putito de Peter Pan – me explicó el Teto “¡Que maestro!” pensaba yo mientras le daba tragos y más tragos al whisky y él proseguía – te mandaron mal, tu hermano está en el zotano del Careperro.
-¡Esas ratas y la con..!
-¡No! los Marrones no saben, ellos creen realmente que Egro y Moisés están muertos, el Careperro tiene una de las mitades del Choripan de Plata (ahí tienen manga de rompe pelotas), y si bien no es un ser malvado, no confía en nadie, él sabe que si se unen las dos mitades el mundo corre peligro, tu hermano no va tras las dos mitades para unirlas, por el contrario, la misión de verdad verdadera es separarlas aún más.
-¡Dejáme de joder! choripan de plata, si no fuera por el whisky ya me hubiera ido al carajo hace rato, apenas me encontré con la tilinga del hotel – mi visión se ponía borrosa y el Marce Dosantos me alcanzaba otra botella.
-¡Tu helmano cole peliglo! – me gritó la señorita Lee.
-ok, tengo una botella llena ¿Qué tengo que hacer?
-Tenés que volver a buscar a los seres Marrones, ellos con sus poderes pueden llevarte al zotano de Careperro, el portal de piedra es inestable, pero ellos en forma de ratas lo manejan bastante bien, Careperro hizo que Alejandra creyera que tu hermano y su compañero murieran – ¡el Teto Medina! ¡Que maestro!
-Ok, me vuelvo Marce, saludos a Codevila – y volví sobre mis pasos… el Teto Medina… ¡que grande!

Próximamente:
de los creadores, guionistas, productores y doctores de
“Las Dos Mitades del Choripan de Plata”
llega
“LOS RECOVECOS DEL ARMARIO”

Capitulo 12: El Portal de las Horas (relata Alejandra – dibuja Laky)


Todo estaba oscuro, no podía dejar de llorar, me había encariñado tanto con ellos, el futuro se me venía encima, esto me presentaba un panorama que temí tanto y durante tanto tiempo, estaba tan segura de que ellos eran la respuesta, y en ese momento, tenía la prueba de sus muertes junto a mi, tan cerca que no me atrevía a encender la linterna. A los pocos minutos escucho un ruido, yo, con lágrimas que humedecían mis ropas, con el agregado que estaba indispuesta y las mujeres cuando estamos en esas fechas nos ponemos todas así, que se yo, es una mezcla de dolor, incomodidad y ganas de coger, y los hombres creen que nos ponemos sensibles, los hombres creen que saben todo, sin ir más lejos, el que escribe esto es un hombre y está tratando, por medio de mi, describir la sensación de estar indispuesta, yo no lo puedo creer. Volviendo al ruido, la luz del salón se encendió y me alivió ver a mi padre, parado, junto a la puerta de entrada, apoyado contra la pared y jadeando, corrí junto a él y me desplomé.

  • tranquila hijita, ya pasó – me dijo tratando de consolarme, por lo visto el no sabía nada.

  • No papá, nada ha pasado, mirá vos, allí, y decime que ves – le dije señalando el sitio donde vi caer las cabezas de Egro y de Moisés.

  • Ale, estás exaltada, allí no hay nada ¿Qué intentas mostrarme?

  • ¡No! ¡Es imposible! Las vi caer junto a mi, eran sus cabezas, alguien las sacó mientras estábamos a oscuras – yo gritaba mientras buscaba.

Alguien tocó a la puerta, mi padre, siempre tan confiado él, le abrió. Mi cuerpo se estremeció por un instante, y volví a llorar, es que estaba indispuesta (aquí vemos nuevamente lo desorientado que está el escritor con respecto a nuestras reacciones en épocas de período) y creí que el que ingresaba era Egro, pero grande fue mi desazón cuando comprobé que me había equivocado, volví a dejar caer algunas lágrimas más (ahí va de nuevo). Era un hombre mayor aunque no tanto, de unos cuarenta y tantos, mi confusión se debió a que el sobretodo que traía puesto era similar al de Egro, estrechó la mano de mi padre y se dirigió hacia mi, me saluda y se presenta.

  • buenas noches señorita, mi nombre es Krillich – su nombre me parecía conocido, el aliento a alcohol que emanaba de su boca me mareó.

  • Mucho gusto ¿que necesita? – pregunté mientras él sacaba una pequeña botella de su sobretodo bebía de ella.

  • Me llamaron para que venga, soy detective, alguien me dijo por teléfono que tenía uno de los trabajos más importantes de mi vida aquí – mientras hablaba sacaba una tira de caramelos fish de su sobretodo y separaba uno para luego llevárselo a su boca.

No creí posible que este individuo fuera capaz de resolver nada, parecía alcohólico, deteriorado y ninguno de nosotros lo había llamado, pero necesitaba creer en alguien, así que lo puse al tanto de todo lo que estaba sucediendo.

  • así que estos muchachos se perdieron en la montaña y usted me dice que entraron en un “portal”, perdoneme señorita, esto que va a escuchar no va a ser grato para sus sensibles e indispuestos oídos… ¡LA PUTA QUE TE PARIÓ PENDEJA DEMENTE ME HICISTE VENIR PARA CONTARME SEMEJANTE GANSADA DE PORTALES, REMOLACHAS Y MEDALLONES! ¡me voy a la mierda! – sus gritos hicieron que estallara en un llanto incontenible debido a su agresividad y a mi estado menstrual (por favor, un ginecólogo que le explique algo al escritor). Mientras se dirigía hacia la puerta traté de suplicarle.

  • ¡por favor señor Krillich! Debe ayudarnos, Egro y Moisés pueden estar vivos aún. – algo escuchó en mis súplicas porque frenó su marcha y ahí quedó, paralizado, de espaldas a mi.

  • ¿me podría repetir los nombres? – preguntó sin darse vuelta.

  • Egro y Moisés.

  • Si esto es una broma, sepa señorita que es de muy mal gusto, y le voy recomendando que se retracte o que simplemente se retracte porque de no ser así me daré vuelta y lo que tiene entre sus piernas va a ser una gota al lado de lo que va a sangrar cada parte de su cuerpo – no se daba vuelta, me asustó, tomó lo que quedaba en la botella y encendió un habano que ya estaba por la mitad.

  • Es cierto señor – interrumpió mi padre – mi hija no miente, y si no está dispuesto a ayudarnos lleve sus amenazas vacuas a otro lugar.

  • ¿están seguros que esos eran sus nombres? – preguntó mientras se dejaba caer sobre una silla, al parecer, el dejarse caer provocó que se golpeara una costilla y que su mentón derecho golpeara contra el piso, luego se sentó y mientras se sobaba la cara agregó – es que Egro es mi hermano, y Moisés es la persona con la cual comparte su departamento, su vida, y, desde que nos distanciamos, nunca más volví a escuchar de él.

  • Con más razón ¡Debe ayudarnos! Es indispensable que utilice sus cualidades de detective para dar con ellos – le dije mientras mi padre le servía una taza de café caliente.

  • ¿No tiene un poco de whisky para agregarle a esto? – preguntó ofuscado.

  • Si, sírvase.

 

 

Relata Krillich

Me encontraba en el Hotel Eden, en La Falda, esa muchacha y su padre lograron convencerme, sentía que me iba a arrepentir. Traté de tomar un tercer café con whisky pero no me dejaron, me dijeron que debía apurarme, y salí hacia la montaña, comenzaba a amanecer.

No muy lejos encontré una piedra, alta, con un hueco en el medio, había tomado demasiado café así que lo vi como un buen lugar para orinar, así que, efectivamente, la meé. Escuché unos ruidos entre unos arbustos así que me acerque, me metí un caramelo fish en la boca y le di un soberano trago a la petaca de whisky, fui inteligente al cargarla antes de salir, aunque lo que allí sucedió me hizo dudar de si seguir bebiendo o no. de entre los arbustos se asoma un roedor, una rata, me hace unas señas y yo comienzo a mirar para todos lados, nadie me veía, así que la seguí. Del otro lado del arbusto había un ejemplar similar, un humo negro los rodeó de repente y yo comencé a correr desaforadamente gritando “¡Nunca más orinaré! Nunca más orinaré!” ya que sabía que dejar de beber me era imposible. Siento que mis pies se inmovilizan y me voy contra el que calculo que era el único sector rocoso de la montaña, al golpe lo absorbió todo mi cara ya que con mis manos protegí la petaca de whisky y los caramelos fish. Sentí unos pasos detrás de mi, estaba seguro que me había topado con violadores “¡No otra vez!” pensé.

  • holaseñorkrillichsomosMarroncitosynosotrosfuimoslosquelollamamosparaquenosayudeasalvaraesosdospelotudosquesemetieronenelportalyquesinohacemosalgovanapermanecermuertosparasiempre – me dijo uno, casi no alcancé a entenderle ¡Esos tipos eran como ratas humanas!

  • Disculpen, no les entendí un carajo – contesté mientras me desataban los pies.

  • Disculpenosotrostenemosmuchasmaspalpitacionesqueustedycuandoestamosagitadosnotenemosremediomasquehablarleaestavelocidad – me explicaba el mas delgado.

  • Bueno, entonces descansemos, siéntense y recuperen el aliento mientras yo me tomo el whisky.

  • ¡WHISKY! – gritaron a coro.

  • ¡apa! Les gusta el whisky veo, pero tengo poco – apenas terminé de hablar hice fondo blanco.

  • Nosepreocupequenosotrostenemosenterradosporacacercaunas15botellasdelitro – eso lo entendí perfectamente.

  • Llevame ya a ese lugar si no querés que te parta la petaca en la cabeza – mientras hablaba una extraña espuma salía de mi boca.

Fuimos hasta el lugar, uno de los dos petizos levanto una tapa de madera que estaba camuflada por hojas secas, mis ojos no lo podían creer, un nudo se adueño de mi pecho, 15 botellas de whisky de litro estaban ahí, tan hermosas, con esa silueta armoniosa y ese liquido amarillento que, a mi modo de ver, se asemejaba a cualquier elixir de vida que, poéticamente, hubieran descrito alquimistas en antaño. Nos sentamos a un costado, una botella de litro cada uno y mágicamente, luego de unas 7 botellas, mis amiguitos recuperaron el ritmo adecuado en el habla.

  • ¡Te quiedro Krintich! ¡jajajajajaja! – dijo el flaquito.

  • ¡no men iamo flaquitro! ¡hic! Me iamo Gerundio ¡Vergasio! ¡Gervasio! – los tres comenzamos a reírnos de una forma exagerada.

  • Sho men chamo Jordan ¡Maiquel! ¡Johan! – agregó entre carcajadas y un pequeño vómito el más robusto.

  • ¡Vo so un fenómeno Mikey! decíme ¿que mierda hacermos aca? – pregunté y Gervasio se puso a cantar, con la música de “La Ventanita del Amor”

desde que vooooo llegaste

la ventanita del portal se nos abrió

desde que vooo llegaste

no hago más que chuparme corazón

 

nos despanzabamos de la risa y Johan se paró, acomodó sus cuerdas vocales y entonó su canción, sobre la música de “Déjame soñar”, la canción introductoria de la serie “Amigovios”

 

Déjame soñaaaaaar

A tu lado.

No quiero que se cierre el portal.

Déjame soñaaaaar.

Te lo pido.

El portal de las horas está allaaaa

 

era mi momento, así que, recordando los motivos melódicos de mi canción favorita, “¿y cómo es él” de José Luis Perales comencé

 

yyyy ¿queloqué?

¿a dónde me quiere ievar uste?

¿a dónde es

ese lugar lejos del whisky?

Ni lo soñeeeeeeees

Acá me quedo hasta que se termineeeeee.

 

Mientras nos matabamos de la risa uno de los marroncitos me explicaba que el whisky iba a estar ahí, que las 8 botellas que quedaban serían todas mías si entraba al portal de las horas y trataba de recuperar a mi hermano y al pelotudo de su amigo, así que sin dudarlo y con andar meneante me dirigí hacia el dichoso portal.

Mientras caminábamos abrazados y cantando “Cambalache” una sombra oscureció todo, se nos fue el pedo del cagazo que nos pegamos y nos escondimos atrás de unos árboles.

  • ese es el guardián del portal de las horas – me explicó Gervasio.

  • ¿y ahora? ¿cómo entramos? – pregunté tratando de visualizar lo que ensombrecía el terreno.

  • No, vas a entrar vos solo, nosotros lo vamos a distraer – contestó Johan.

  • Bueno, empezá a correr, nosotros vamos para el otro lado – antes de que Gervasio termine de explicarme el plan comenzaron a correr, un ruido agudo se escuchó, como de un buitre, y la sombra se movió.

Corrí hacia lo que me señalaron como el portal, era una torre con un hueco en el medio, similar a la que vi anteriormente pero de madera. Estaba a unos 100 metros y escucho que me gritan “¡Apurate que se dio cuenta!” me di vuelta y venía el pajarraco, a una velocidad asombrosa, corrí con todas mis fuerzas y me tiré al hueco del portal, estaba tan nervioso que no fui certero, así que pegué con la frente en el borde de arriba, el bichazo pasó de largo y dio la vuelta, antes que llegara me metí, aparecí en un pasillo con puertas, no veía el final, en cada una de ellas había una fecha y una hora, comencé a caminar, por lo que me explicó la chica del hotel tenía que buscar la fecha del día anterior aproximadamente a las 21:00 hs.

Mis amiguitos me dejaron solo, no me traje una botella de whisky y casi se me acababan los caramelos fish. Esto iba a ser duro, muy duro, todo sea por esas 8 bellezas que quedaron enterradas en la montaña.

Capitulo 11: Una nueva esperanza (relata Gervasio – dibuja Laky)

– Dame un pedazo de queso – me dijo Johan.
– No jodás, primero aprendé a diferenciarte como ratón o como humano, si sos humano te comportas como tal – contesté sin mirarlo.
– ¡Mirá quién habla! Todos los muebles están mordisqueados por vos, tu pieza está hecha con cartón y nylon y cagas arroz negro en los rincones – me lanzó, bruscamente esas palabras.
– Si, pero vos sos puto – me defendí.
– Yo te dije que hacerme “la rata” es faltar a clases o al trabajo – explicó.
– Eso es la chupina.
– Dale Gervasio, hechame un queso.
– ¡¿ves que sos puto?!
– No te hagas el gil, aparte lo tuyo debe ser ricota ya, hace días que no te bañas – me dolieron sus fuertes acusaciones de tan reales que eran, lo cierto es que cuando bajaba el cierre del pantalón para orinar la mayoría de las moscas que me estaban siguiendo huían… las demás morían.
Johan es mi hermano, nuestros padres nos dejaron la casa, la diminuta casa, eramos los últimos descendientes de una pura raza de seres marrones superiores.
Diferíamos de los demás gemelos, Johan era robusto y yo más bien raquítico, él nació un año antes que yo, nuestros apellidos eran distintos y, lo principal, nosotros no éramos gemelos, hasta existía cierta duda en que si nuestro lazo sanguíneo era legítimo, duda que despejó Johan, él era mayor que yo y asistió el parto de nuestra madre, en el cual sobreviví luego que ella se deglutara a las otras dos crías para recuperar fuerza, Johan tenía sólo un año, nuestra raza crece velozmente, nacemos con dientes poderosos, con un fluído manejo de nuestro lenguaje y con carnet de conducir, aunque este no sirve para manejar taxis, remises o colectivos.
Ese día la discusión llegó a tal punto que mi hermano se fue de casa, nunca más lo vi hasta aquel día, el día que me enteré que nuestra lucha estaba en peligro. Años tratando de que los humanos “normales” (como se hacen llamar ellos) nos devuelvan nuestras tierras podrían quedar en la nada.
Esa noche fui a visitar a Orfilio, el mastodonte que dejamos cuidando la Remolacha Suprema, los “normales” lo habían bautizado con el nombre de Marcos. Allí estaba Johan, quien me explicó que nuestro secreto estaba en peligro, me dijo: “nuestro secreto está en peligro” y comprendí inmediatamente que nuestro secreto estaba en peligro. Nuestra conversación dejaba entrever que la relación seguía tensa.
– che otario, hay dos tipos, Egro y Moisés, te lo digo solo porque sos mi hermano – dijo, sin pausa, Johan.
– Agarramela con la mano – dije yo y agregué – ¿cómo sabés esto por adelantado?
– Te la puso un pelado, le hice creer a Moralez que estaba de su lado, si el llega antes que los otros estamos perdidos, dalo por hecho.
– Te llené el culo de afrecho ¿Dónde están Egro y Moisés? – pregunté preocupado.
– Te la pongo de parado.
– ¡Pará! No podés rimar con mi relato, es cronológicamente imposible.
– Te gusta abrir las piernas, sos flexible.
– Bueno, esto no tiene sentido, Orfilio ¿Dónde están esos tipos? – dirigí mis palabras lejos de mi terco hermano, la comunicación se tornaba dispersa.
– Anoche entraron al portal de piedra – me dijo con los ojos llenos de lágrimas, era un bicho grande pero sensible.
– No te pongás así – lo consolé – seguramente están en el valle de las flores.
– A vos te gustan los señores – agregó Johan y prosiguió – los vi en el zotano de de la casa de Ambrosio, el caníbal de diez patas y sin querer cerré la puerta del horno, que era por donde ellos podrían haber salido.
– Te dejé el culo pulido ¡Inútil! ¿Porqué hiciste eso? – Grité enfurecido.
– Estaba asustado, pero antes de venir hacia acá pude contactar a alguien, alguien que puede encontrar el portal de las horas.
– ¿No vas a rimar con nada? – pregunté desconcertado.
– Te la pongo comiendo ensalada – remató.
– ¿Quién es? ¿Dónde está? Casi no hay tiempo ¡Debemos apurarnos? – antes de terminar mi frase Orfilio señaló la puerta.
Salimos por el tunel por el cual yo ingresé a la celda de Orfilio, vimos un tipo acercarse a la puerta del hotel, nos aproximamos en nuestra forma de roedores para ver de que se trataba, Johan me dijo que era el que esperábamos
– aún queda una esperanza – dije suspirando.
– Te la meto hasta la panza – retrucó Johan.

Capitulo 10: "180 grados" o no se que título ponerle a este capítulo (relata Moralez – dibuja Laky)

Algunos de mis hombres estaban buscando a Egro en el hotel Edén, ya me estaba cansando, tenía los recursos, ellos no tenían nada, pero según lo que me decían los estúpidos que trabajaban para mí estos dos encuentran ayuda donde quieran que vayan. Para mi eran sólo excusas, que salían del interior de montañas, que los cargaban autos en la ruta, yo estaba seguro que era pura inutilidad.
Me encontraba en la vereda de una casa abandonada, dos de mis hombres me aseguraban que allí habían estado Egro y Moisés hasta que vino una mujer, mostró sus pechos por la ventana y salieron disparados hacia el mismo auto que los recogió en la ruta, puras mentiras. Decidí cortarles el extra de helados “Torpedo” que les había otorgado hasta que trajeran una información valedera, la situación requería mano dura.
Mientras trataba de comunicarme con los que estaban en el hotel escucho un grito agudo, salen corriendo de la casa dos de mis secuaces gritando “¡Una rata! ¡Una rata!”
– ¡Estúpidos! ¡Maricones! ¡Cada uno tiene una 9 milímetros en la cintura y se espantan por una miserable rata! – les grito.
– Señor, yo no se usar un arma, soy muy bueno, quizás el mejor diseñador de interiores del país, pero las armas me dan impresión, ni hablar de las ratas, mi compañero se asustó por mis gritos.
Esto no podía seguir así, decidí entrar yo solo para enseñarles que los trajes también debían ensuciarse ¿para qué contraté intelectuales? No sirven para otra cosa que estorbar.
Ya dentro de la casa les grito que “¡Son unos inútiles!” y en ese momento siento una mano en mi hombro, una gota de sudor bajó desde mi nuca hasta la cintura y el pito se me metió para adentro, un sonido similar al de una motosierra explotó en mi trasero y los pezones de mis tetillas perforaron mi carísima camisa. Me di vuelta y vacié el cargador contra la figura que se encontraba ante mí, cuando comprendí de que se trataba mis hombres comenzaron a dispararle desde la puerta y las ventanas, cada disparo que le daban (uno de cada siete) lo alejaba hasta que desapareció en la penumbra., mis hombres corrían en círculos y gritaban, dos lloraban, yo estaba saliendo de la casa cuando oigo una voz que dice mi nombre, me doy vuelta y despeino al decorador de interiores con una potente flatulencia, otro susto de tamaña magnitud y lo que de ahí saliera sería sólido y peligroso. Era un “Ser Marrón”, los seres Marrones habían vivido desde siempre en las sierras, cuando el hombre comenzó a frecuentarlas estos se fueron a vivir a los desagües, pocos pudieron alojarse allí, los demás pasaban sus vidas convertidas en ratas, cualidad que poseían estos seres, podían convertirse en estos roedores, eso asustó a mis pobres e infelices empleados.
– Siempre creí que eran solo una leyenda – le dije temblando y frunciendo mi ano.
– Podría decirse, somos sólo la sombra de lo que éramos, pero no perdemos las esperanzas y usted nos va a ayudar – su voz era como la de un niño, en cambio su aroma era como el de un niño con kilos de excremento en sus pañales.
– ¿Por qué debería de hacerlo? – pregunté mientras encendía un habano.
– Disculpe, pero usted y sus compañeros me dispararon unas 17 veces, acá estoy, intacto, yo sólo puedo con todos ustedes, aparte no sabe a lo que se enfrenta, los otros dos sujetos van mucho mas avanzados en la búsqueda. Con sus recursos y mi ayuda puede emparejar la lucha – me dijo mientras le daba pequeños mordiscos a un pedazo de madera.
– Si son tan poderosos ¿Por qué viven como ratas?
– Solo hay dos marrones como yo, los otros son simples, sin poder alguno.
– Bueno, explíqueme de que se trata todo esto y deje de morderme la suela del zapato.
– Es que el olor a queso me puede.
Este personaje me explicó que lo importante no era el medallón, (y otras cosas que ya se las debe haber dicho alguien, yo recién empiezo a relatar y si repito después me putean) que dejara a Egro hasta que se fuera del hotel, que lo siga hasta que encontrara una caja fuerte, si lograba hacerme con lo que ésta contenía, él entraría en acción. Tuve que regalarle mis zapatos así los roía sin molestarme.
Inmediatamente envié a uno de mis hombres a avisarles a los demás que se vayan del hotel y a otro lo mandé a comprar 2 kilos de queso y una ruedita para ratas.
Esto se complica, pero comienzo a comprender cosas, la balanza se empezaba a emparejar, volví a otorgarles los helados a mis hombres.
No podía confiar plenamente en el Marrón, pero lo tenía que utilizar, era un aliado poderoso y yo estaba rodeado de ineptos.En el hotel (relata Alejandra)

Yo no sabía donde estaban Egro y Moisés y estos tipos con sus armas revisaban el hotel buscándolos. Pensé en soltar a Marcos, pero era capaz de voltear el hotel y no había tetas que valgan a esas horas. Mi padre no entendía nada, los vio de trajes y pensó que eran municipales, los dejaba revisar todo. Uno se sentó y pidió una milanesa a la napolitana con papas fritas y huevo a caballo (aclaración gastronómica: el huevo arriba de las papas) otro se puso a mirar televisión y anotaba números para comprar cuchillos ginsu. De repente ninguno estaba buscando nada, los que no estaban viendo televisión ni comiendo, jugaban al sapo al fondo del salón. Me puse a buscarlos yo. Rogaba que no hubieran ido a la montaña, y de haberlo hecho, que no se hayan metido en algún portal. Alumbrando con la linterna hacia la montaña alcanzo a divisar la columna de piedra, era demasiado tarde, volví al hotel así no sospechaban ni los guiaba a estos tipos hasta la montaña. Entraba yo al salón y salían ellos.
– ¿Qué pasó papá? – le pregunté a mi papá (obvio)
– un hombre entró, habló con otro, se levantaron y se fueron, me dejaron $300 de propina, me hice la noche.
Empecé a buscar a Egro y Moisés por todo el hotel, no estaban, tenría que esperar hasta el amanecer, si no habían entrado al portal quedaban esperanzas de que Egro llegue a la Remolacha Suprema.
Me dirigí a mi habitación, cuando me cambiaba la toalla femenina un fuerte estallido me hizo tirar la usada dejándola pegada en el techo, corrí hasta el salón desnuda, mi padre estaba paralizado mirando al techo, temblaba, cuando me miró sus ojos estaban tan abiertos que parecía no tener parpados. Corrió a cerrar la puerta de entrada, yo volví a la habitación sosteniendo la toalla femenina con mi mano, me vestí y volví al salón, mi padre volvía de cerrar también las ventanas y otra vez el estruendo, la enorme araña que iluminaba todo el salón se desprendió del techo y cayó sobre él, mis rodillas se aflojaron, lo vi moverse y me acerco, pero el piso comenzó a temblar, estallan los vidrios de una de las ventanas y en la oscuridad siento caer algo cerca mío, lo alumbro, mis ojos se inundaron, las cabezas de Egro y Moisés yacían a centímetros de mi, apagué la linterna y me eché a llorar.

Capitulo 9: Revelaciones (relata Egro – dibuja Laky)

Me encuentro en un lugar oscuro, como un bosque, la luz de la luna llega al piso representada en varas plateadas que parecieran apuntalar el techo negro que forman los árboles. Una especie de niebla se asemeja a una alfombra, animada, en cámara lenta. El frío me obliga a frotarme las manos, llevarlas a mi boca y emanarle mi aliento cálido.
Comienzo a caminar, no podía quedarme ahí, veo una luz detrás de unos arbustos, me acerco, el frío es insoportable, oigo jadeos, a medida que me acerco a la luz los gemidos se acentúan, hay una especie de pared, me asomo, para mi gran sorpresa veo dos cuerpos brillantes, sobre una mesa, musculosos, húmedos, con movimientos sincronizados, o sea, estaban cogiendo. Trato de que no se enteren y vuelvo al bosque, a la oscuridad, de repente todo se ilumina, era un estudio de grabación, de atrás de la pared me llaman, voy, Ricky Martin estaba parado junto a la mesa, detrás de ella se vestía Carlos Mata. Ricky me mira, pone un pie sobre un banquillo y se toma el jopo con toda su mano, una música comienza a sonar y él canta: “Fuego contra fuego es amarfuego del que no puedo escapardonde nadie oye mi vozallí te espero yo”
Y se va hacia una puerta con una estrella con su nombre abajo, Carlos Mata se sienta en un rincón, se tapa la cara con las manos y comienza a llorar. Despierto, aún estoy debajo de la mesa, me duele muchísimo el cuello, veo al hombre en el mostrador, lleva una bandeja con tazas y medialunas hacia una mesa donde están sentados Moisés, Alejandra y Marcos, salgo de la mesa y voy hacia ellos.
– Egro, buenos días, no te cambiaste todavía – me reprochó Alejandra.
– No, ahora vuelvo – fui al baño y me puse la ropa que me había traído Alejandra, hasta un sobretodo parecido al mío me trajo, esa muchacha comenzaba a agradarme.
Volví a la mesa y comencé a desayunar.
– ¡49 medialunas y sólo me dejaron una! – grité furioso.
– Lo que pasa es que Marcos tiene un hambre voraz, se comió 20, Moisés 10 y yo 3 – me explicó muy naturalmente Alejandra.
– Aún faltan 15 – dije muy perspicaz y usando mis cualidades matemáticas.
– Las tengo en el bolsillo, para el camino – respondió Moisés, no dije nada porque sospechaba que al mínimo movimiento, Marcos reaccionaría.
Tomé mi café con leche, otra vez helado, dejé la medialuna para el último ya que no podía mojarla en la repugnante bebida, me relajo y la tomo con la mano izquierda, Marcos suelta un gruñido y dejo caer la medialuna, antes que toque la mesa el mastodonte la agarró y se la llevó a la boca, yo me estaba cansando.
Me siento en una mesa que al frente tenía un televisor que no dejaba de pasar publicidad de venta telefónica, el conserje me dice que me baje de la mesa, que me siente en la silla, no dejo de pensar en mi sueño ¿Que tenía que ver el fuego? “Dónde nadie oye mi voz, allí te espero yo” de repente algo me iluminó, prendieron los reflectores del escenario, me quemaban la frente, me alejé hacia el parque, Marcos trataba de atrapar una mariposa, Moisés se para a junto a mí comiendo una medialuna, ni se me ocurrió pedirle, era como los perros con la comida.
– ¿Podés creer Moisés? Este tipo parece un perrito faldero y después, de noche se vuelve una bestia.
– Si, pero conmigo es piola, hasta que lo meten en la pieza esa.
– ¡Esperá! Fuego de noche, nieve de día ¡Ricky Martin me hablaba de este tipo!
– Toma Egro, una medialuna, te estás cagando de hambre y ya empezás a hablar otra vez de Ricky Martin.
– ¡No boludo! En serio, y en la pieza esta solo, a prueba de sonidos, donde nadie oye mi voz, allí te espero yo. ¡La Remolacha está en la habitación de Marcos!
Moisés comenzó a empujar una medialuna en mi boca, me ahogaba, me daban arcadas, pero la revelación que tuve me provocaba una gran y constante sonrisa.
Corrí al salón.
– ¡Alejandra! ¡Ya se donde está la remolacha! – grité eufórico y tomándola de los hombros.
– ¡No me digas! a que descubriste que está en la habitación de Marcos. – me contestó la hija de puta.
– ¡¿Cómo?! ¡¿Vos ya lo sabías?!
– Si tonto, todos lo sabemos, el problema es saber como hacer mañana a la noche, exactamente a las 23:37 se revela la clave, el problema no es el lugar, es como hacemos para entrar y ver la luz, a esa hora Marcos está insostenible, ni mis pechos ni los de la Cicciolina pueden contenerlo.
– O sea que no me sirvió de nada fijarme en mis sueños.
– Si, lo que pasa es que no te fijaste en la totalidad del mensaje.
Me fui frustrado, nuevamente al parque, Marcos seguía jugando con la mariposa, empezaba a esconderse el sol y él se ponía más agresivo con el pobre animalito, de repente Alejandra salió con su padre, se levantó la remera y el gigante se paralizó, lo llevaron atrás del hotel y yo no paraba de pensar en mis sueños.
– ¡Egro! ¡Vienen autos de Moralez! – gritaba Moisés que venía de la entrada del hotel.
Corrimos hacia atrás del hotel, pasamos al lado de la habitación de Marcos, era tenebrosa, una caja gigantesca de acero, no podía creer que estuviera ahí dentro, me daba un poco de lástima. Comenzamos a subir la montaña, ya me estaba cansando de subir montañas, hacía 3 años que no jugaba al fútbol ni hacía ejercicios. Moisés iba delante de mí, yo miraba hacia atrás cada segundo, lo que provocó que una rama que soltó Moisés me pegara en la frente y me tumbara, me levanté pensando que ya eran varias las que le debía cobrar a este petizo que me acompaña a todos lados. La tierra comienza a temblar, los dos caemos al piso, entre nosotros se levanta, de debajo de la tierra, una torre de piedra, de aproximadamente 5 metros, no podíamos creerlo. La roca tenía un hueco abajo, veía a Moisés del otro lado, trato de pasar para el otro lado pero en lugar de aparecer junto a Moisés, caí en un campo lleno de flores, esto era asombroso, a los pocos segundos Moisés salió de otra roca, muy parecida a la de la montaña. Estábamos a salvo, el problema es que Moisés es alérgico, su cara comenzó a hincharse, su voluminosa nariz parecía una cascada verde, comenzaba a respirar con dificultad, yo traté de ayudarlo pero no sabía que hacer, parecían kilómetros y kilómetros de flores. Decidí que no valía la pena escapar para que Moisés se me muera ahí, entonces lo arrastré y lo metí de nuevo en el hueco de la roca, me metí yo y asombrosamente, aparecimos en una especie de sótano, la diferencia era que en lugar de una roca había un horno, lo bueno es que Moisés comenzó a respirar más cómodamente. Me acerco a la escalera, cuando estoy por subir se me cruza una cucaracha por el primer escalón, doy un salto hacia atrás y piso un rastrillo, este me pega en la nuca y tropiezo, me doy vuelta para amortiguarme con las manos pero no me dio el tiempo y pegué con los dientes en un cajón de madera, Moisés no tenía fuerzas, pero se las ingenió para largar una muy forzada carcajada, intento levantarme y al apoyar la mano se me sube otra cucaracha, soy cucarachofóbico, así que salté, el bicho se me metió en la remera y comencé a sacudirme desesperadamente, los escalofríos reinaban mi cuerpo, tomé una madera y comencé a pegarme en la espalda, el dolor no era nada en comparación con el asco que sentía, la cucaracha cae al piso, la aplasto con la madera y quedo susceptible, muy susceptible, tanto que me toca un hilo que estaba atado en una viga de madera en el techo y yo grito, se enciende una luz al final de la escalera. Con todo el temor del mundo me siento junto a Moisés, vemos una sombra que comienza a bajar, era indescriptible, no era una sombra humana, cuando veo los pies me doy cuenta que eso no era normal, gigantescos, doblaban al límite los escalones de gruesa madera, Moisés me pellizca una gamba y yo le pego con el codo en la pera, esa cosa emitía un ruido agudo, punzante. A medida que iba bajando aparecían más pies, ya iban seis, el temor me devoraba, miré el horno, teníamos que volver a meternos, traté de levantar a Moisés y una especie de cacerola cayó al suelo, el sonido agudo se hizo más fuerte y mi vista se comenzó a nublar, lo último que pude ver fue la puerta del horno cerrándose fuertemente y ya en la oscuridad escuche, lejana, la voz de Moisés “Egro, creo que me cagué”